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miércoles, mayo 16, 2007

¿Un cruzado "contraterrorista" en el Vaticano?

Por Fernando Echandía
Para comenzar a plantearse cual es el modelo de Papa a elegir, hay que empezar por preguntarse: ¿Qué necesidad de perfil de Papa católico tiene el capitalismo globalizado y sin fronteras de hoy?
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El mundo de la Guerra Fría donde fue elegido Wojtyla como jefe del Imperio "espiritual" del Vaticano, difería de este mundo con "libre mercado", pensamiento único, y modelo democrático-electivo -parlamentario made in usa nivelado para todo el planeta, incluido los países dominados militarmente (Palestina, Irak, Afganistán).
El mundo en que el cura Wojtyla fue trasplantado de Cracovia al trono de San Pedro, era un mundo donde todavía existían "fronteras".
En la Unión Soviética no se pensaba lo mismo que en Washington, había guerras por áreas de influencia entre el "comunismo ateo" y el Imperio del "libre mercado".
En Latinoamérica, en Asia, en Africa, en Medio Oriente, todavía existían bolsones de voluntades y de pensamientos que se oponían al imperio invasor con las armas en la mano.
Había (todavía) conciencia antiimperialista, y había (todavía) sueños de toma del poder, de hacer la revolución y cambiar el sistema capitalista.
Todavía había "vías de escape" para los pensamientos rebeldes: uno estaba con Washington, el FMI, el Pentágono, el Vaticano (la sumatoria del sistema capitalista) , o estaba en las antípodas.
Todavía la CNN y las grandes cadenas informativas no habían fabricado al "hombre único" nivelado para todo el planeta.
La colonización niveladora todavía no había llegado al cerebro: había espacios de huida, y de lucha organizada.
Cuando el cura Wojtyla fue convertido en "Rey de la fe católica" por Washington y el Opus Dei,en 1978, al que estaba en la vereda de enfrente, al que no comulgaba con Wojtyla y su iglesia, le metían el mote de "comunista".
Y así nació la fe "anticomunista" de la cual el "gran comunicador" Wojtyla se convirtió en el abanderado espiritual a nivel planetario.
Los militares represores latinoamericanos formados en la Escuela de las Américas comulgaban con curas "anticomunistas" y tenían la foto de Wojtyla en sus billeteras y en sus despachos.
Videla, Pinochet, Stroessner y CIA, asesinaron e hicieron desaparecer a decenas de miles de personas persignándose ante la foto (todavía fresquita y deportiva) del cura de Cracovia.
Ese hombre, envejecido y decrépito, ante cuyo cadáver hoy la humanidad mediatizada llora desconsoladamente como al representante de "Dios en la tierra", fue el ícono espiritual de la "guerra anticomunista" que Washington lanzó para terminar con las "fronteras rebeldes" y convertirse en Imperio Unipolar.
Anticomunista visceral, el perfil de Wojtyla encajaba perfectamente con las necesidades de un capitalismo que necesitaba expandir sus fronteras más allá de la "cortina de hierro".
Por lo tanto, sin sorpresas, y con la pompa protocolar del "cónclave de cardenales", Wojtyla fue convertido en el Papa Juan Pablo II y desde allí fue ungido como el "campeón de la libertad", tal como lo acaba de señalar el jefe imperial de la Casa Blanca George W. Bush.
Después de hacer su obra evangelizadora, de cumplir su ciclo sirviendo honrosamente a los bancos y transnacionales que hoy facturan en el ex "mundo comunista", Wojtyla envejeció, se enfermó, y se murió como cualquier hijo de vecino.
Ahora hay que sustituirlo: hay que diseñar con prolijidad al nuevo modelo de " la Fe " que reine en el Vaticano.
Y volvemos a la pregunta del principio: ¿Qué necesidad de perfil de Papa católico tiene el capitalismo globalizado y sin fronteras de hoy?
El próximo Papa:
¿Un Campeón de los derechos humanos y la democracia?
¿Porqué no un "progresista" que sea la contracara y el complemento a su vez de Juan Pablo II que impulsó la democracia, pero tuvo su déficit en la negación de los derechos de la mujer, los homosexuales y la libertad de abortar?.
El comunismo de la era Wojtyla fue derrotado. Hoy se necesitan banderas "espirituales" legitimadoras que apuntalen y den sustento doctrinario masivo al "libre mercado, la democracia y la libertad", según el decálogo de Washington expresado a través de los discursos de Bush.
Hoy se necesita un Papa que disemine "fe católica multilateral", integradora y sin exclusión ideológica.
¿Una "ONU en el Vaticano? ¿Un Papa negro? ¿ Un Kofi Annan de la Iglesia Católica?
O tal vez habría que explorar otro costado y otra posibilidad en la misma línea "multilateral de la Fe ".
¿Un Papa latinoamericano imbuido de los principios doctrinarios de la Teología de la Liberación ?
¿ Un equivalente "progresista" de Kirchner, Lula, Tabaré, etc, en la Curia romana?
¿ Un Papa que hable con la "izquierda" y gobierne (al Vaticano) con la derecha?
Si en Latinoamérica "conviven en Paz" presidentes "neoliberales" y "progresistas" dentro de un mismo "modelo económico" ¿Porqué no convivir "conservadores" con "renovadores" dentro de un mismo "modelo católico"?.
Si el Opus Dei y Washington colocaron a Wojtyla en el Vaticano para derrotar al "comunismo ateo" ¿Porqué no colocar hoy a un "progresista" con perfil "multilateralista" para derrotar a los regímenes "dictatoriales y terroristas" que azotan al planeta?
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Juan Pablo II, junto al fascista y asesino Ronald Reagan responsable de la muerte de miles de centroamericanos
Si Karol Wojtyla y Ronald Reagan compartieron los mismos ideales en la "guerra contra el comunismo" ¿Porqué un nuevo Papa de matriz "progresista" no podría compartir la "guerra contraterrorista" con Bush?
Como ayer Wojtyla santificó las hipótesis de conflicto edificadas con el "peligro comunista" ¿Porqué no un sucesor que haga lo mismo con el "peligro terrorista"?
¿Acaso los "terroristas islámicos" no son el equivalente de los "subversivos rojos" de ayer?
La Iglesia Católica anda baja de mística: con los "curas sanadores" no basta para detener a la troyka de "pastores electrónicos" que copan a diario el difícil mercado de la Fe.
Hay que "reinventar un enemigo", algo fuerte, un equivalente del "rojo subversivo" que amenace la familia, la paz, y los bienes, sobre todos los bienes, de las personas decentes del mundo.
¿Y porqué no, Bin Laden?
Osama... y su banda de degolladores islámicos... malos, y sin corazón cristiano, como los extintos comunistas de ayer.
A Bush le fue bien con el fantasma del 11-S ¿Porqué no le puede ir bien al milenario Vaticano que sobrevivió más que el nivel promedio estadístico de las cucarachas en el poder?
Un cruzado "contraterrorista" en el Trono de Pedro: ese es el perfil que cierra por todos lados, Sr. Bush, y excelencias reverendísimas del Vaticano.
Y si ya tenemos el perfil: ahora precisamos el modelo ideológico.
¿"Conservador" ?, ¿"Renovador"? No: la síntesis de ambos: un "progresista": la perfecta simbiosis entre la izquierda y la derecha, la fusión de los extremos.
Ya no se necesita un "Campeón de la lucha contra el comunismo", sino un "Campeón de la lucha por las libertades individuales.
El mundo está atomizado: no hay causa revolucionaria social, sólo hay causa de "realización personal".
Se necesita un Papa que santifique el individualismo: que legitime los santuarios de "auto-realizació n" pregonados por la publicidad y la comunicación consumista.
Juan Pablo II y el modelo "conservador" ya fueron, están quemados y estigmatizados como los Videla o los Pinochet. Hoy se precisa un nuevo modelo de Papa acorde con los parámetros de "credibilidad" existentes.
¿Y qué mejor que un un Papa que ame a los homosexuales y sea tolerante con los que no creen en el Espíritu Santo?
¿Es mucho pedirle a la petrificada estructura dogmática y doctrinaria del Vaticano que flexibilice sus posturas con el aborto y el celibato?
Vamos a ser precisos: así como Washington "democratizó" a la represión sustituyendo a los militares con los políticos y los medios de comunicación, de la misma manera el Vaticano deberá sustituir a esos curas jurásicos que todavía andan con ganas de torturar a Galileo.
¿Acaso es imposible encontrar un Papa "progresista" , respetuoso de las "libertades individuales" , que condene al "terrorismo" , de acuerdo con los principios de la "guerra contraterrorista" globalizada impulsada por Washington?
¿Es utópico pensar en un Papa embebido en los principios de "respeto a los derechos humanos" establecidos planetariamente por Amnesty internacional, la ONU y las ONG controladas por la CIA en todo el Planeta?
Hay algo que siempre saben los estrategas de Washington: con cada etapa de conquista hay que racionalizar el dominio, empezando por el Espíritu y la Fe. O sea por el Vaticano.
Consecuencia: para los pragmáticos se viene la era de un Papa "progresista" y "antiterrorista" que bendiga con la izquierda, y señale a los infieles "enemigos del sistema" con la derecha.
¿El candidato? Todavía no existe en detalle: pero se lo puede inventar en 24 horas con las mismas cadenas informativas que convirtieron al desconocido cura Wojtyla en un cruzado del bien contra el mal amado por las multitudes.
De ahora en más, en el mercado de Fe Vaticana el que no ofrezca la otra mejilla al "sistema", el que tome fábricas, haga huelgas corte rutas, tome empresas o queme bancos y empresas transnacionales, será rotulado con la fórmula de uso: Terrorista.
El Papa que venga, desde su Reino no terrenal, deberá santificar la operación evangélica con incienso y rezos "progresistas" difundidos por la CNN y las otras cadenas mediáticas a todo el mundo.
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George Bush, su mujer, su padre, Bill Clinton y Condolezza Rice comparecieron intempestivamente en la basílica de San Pedro. Habían aterrizado en el aeropuerto de Roma a las 21.30 horas y apenas 30 minutos después ya estaban arrodillados ante la tumba de Juan Pablo II mientras el flujo de fieles y curiosos continuaba incansable por el pasillo de la nave central.
Fue la primera vez que un presidente de Estados Unidos se arrodilla delante de un Papa difunto, como es la primera vez que asiste a un funeral pontificio, prueba inequívoca de la excepcional relación de amistad que existió entre ellos, igualmente y aprovechando su presencia en roma darían un impulso de apoyo excepcional a la candidatura del nuevo representante de la iglesia a través del cardenal norteamericano quien junto a otros cardenales influenciarían en la escogencia del nuevo representante de la iglesia el cual recaería en el cardenal alemán Ratzinger.
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Pánico, asombro y desconcierto produjo en la población católica mundial la elección del jefe de la "Congregación para las causas de la Fe ", antigua inquisición, como el nuevo Papa. Ratzinger antiguo militante de las juventudes hitlerianas perteneciente al ala más conservadora y reaccionaria de la iglesia católica, se destaco por la fuerte represión que infligió a los miembros del ala izquierda de la iglesia católica, entre ellos los teólogos Leonardo Boff, el cura Ernesto Cardenal de Nicaragua entre otros. Es conocida su férrea oposición al control de natalidad, el uso de cualquier medio contracepción como el preservativo y las píldoras anticonceptivas, incluso para la prevención del H.I.V. Con la elección de este cardenal a la jefatura del Vaticano, la iglesia católica retrocede al oscurantismo de la edad media.
Sin duda, Bush y el capital internacional están regocijados por la elección de este purpurado para regir los destinos de la “Santa Sede”. Será un fiel y aliado socio de los ultraconservadores imperialistas.
Por todo lo anterior es que su reciente visita a Brasil no debe causar asombro, ya que ese ha sido su comportamiento natural con la complacencia de la derecha internacional.

lunes, abril 16, 2007

México mutilado

Francisco Martín Moreno

A mediados del siglo XIX, México era el segundo país más grande del mundo. Las ambiciones estadounidenses propiciaron una guerra de invasión a México para anexar parte de su territorio con la riqueza que se encontraba en él. Desde entonces, la intervención norteamericana de 1846 dejó una cicatriz rencorosa en el corazón de todos los mexicanos.

¿Cómo pudo perderse tan vasta extensión? ¿Cómo es que un puñado de militares conquistó dos millones de kilómetros cuadrados para su país? La respuesta no sólo está en la ambición expansionista que desde entonces distinguía al vecino país del norte, sino en un hombre: Antonio López de Santa Anna, un auténtico seductor de multitudes que, en colaboración con las altas esferas eclesiásticas de entonces y en contubernio con las autoridades norteamericanas, dejó a México atado de manos para que los norteamericanos se pasearan por todo el territorio, y se apropiaran de buena parte de él.

Dice el autor, en una entrevista de televisión en el canal 52 de México con los periodistas Carmen Aristegui y Javier Solórzano el pasado mes de diciembre, que su impulso para escribir este libro fue una inquietud que tenía desde que cursaba sus estudios primarios, cuando le enseñaron que los estadounidenses nos habían robado la mitad de nuestro país. Desde entonces se quedó con una intranquilidad que siempre lo persiguió.

El historiador comentó que la historia de México oficial hay que tomarla con reservas porque, como toda historia, la escribieron los vencedores. Fue redactada en buena parte por representantes del clero católico que, con tal de impedir que se divulgaran sus infamias, nos ocultaron la verdad.

Francisco Martín Moreno indicó que la investigación histórica para su libro le llevó ocho años, pero se sorprendió cuando lo terminó en tan sólo cuatro meses. Esa rapidez se la atribuye al coraje e irritación que le provocó el ir desnudando cada vez más una historia de absurdos, en la cual Antonio López de Santa Anna intervino de manera lacerante.

El autor dijo que se llenó de rabia al descubrir que Santa Anna mandó a Estados Unidos a Alejandro Atocha como embajador, para conferenciar con el presidente de Estados Unidos, para indicarle cómo ganar la guerra en dólares. También dijo que se llenó de indignación al saber que la Iglesia Católica entregó nuestro país a cambio de que se respetara su gigantesco patrimonio y organizó la rebelión de los “polkos”

Cuando el autor leyó el diario del presidente norteamericano James K. Polk, donde comenta que como jefe de la Casa Blanca recibió a Alejandro Atocha de parte de Santa Anna, quien le pidió 30 millones de dólares a cambio de perder la guerra y entregar definitivamente Texas, Nuevo México y California, no le quedó duda de que Santa Anna era un terrible traidor.

Al leer México Mutilado, descubrimos a un Antonio López de Santa Anna Pérez de Lebrón como un fervoroso imperialista, un fanático republicano un convencido federalista, un irreductible centralista, un apasionado juarista, un feroz antijuarista, un arrebatado monárquico, un iluminado clerical, un disimulado jacobino, un fecundo liberal y un conservador extremista, un gran traidor con cara, a veces, de patriota, un millonario y miserable, poderoso y perseguido, héroe y villano: en fin, un político mexicano, defensor de cualquier corriente política a la que se adaptaría en el momento más preciso.

Santa Anna hizo todo lo posible por perder todas las batallas. ¿Por qué teniendo de rodillas a Taylor en la angostura, Santa Anna abandonó al otro día el campo de batalla, cuando sólo faltaba darle al enemigo, casi rendido, un sonoro tiro de gracia? ¿Por qué en la batalla de Cerro Gordo hace caso omiso a las recomendaciones de sus generales y prácticamente entrega al enemigo las topas mexicanas? ¿Qué nos esperaba a los mexicanos peleando contra un ejército poderoso y un traidor al frente de las fuerzas nacionales?

El lector norteamericano se sorprenderá al leer las discusiones de la cámara de representantes, cuando los miembros abolicionistas estaban en contra de la anexión de Texas, ya que sus pobladores estaban a favor de la esclavitud. También se sorprenderá al saber que cuando México se encontraba derrotado, la Unión Americana pudo haber anexado no sólo a Texas, Nuevo México y California y establecer su frontera en los límites del río Bravo, sino que se pudo haber quedado con todo México como Walker, el secretario del tesoro durante la presidencia de James K. Polk, lo sugería. Sin embargo, la tesis de All México no prosperó en la cámara de representantes ¿Por qué? La pregunta puede responderse con una sola palabra: racismo. El congreso rechaza la anexión de todo México porque, a decir de los representantes, el ingreso de más territorios implicaría absorber gente de otras razas. Dijeron que el mestizaje era un atraso. También dijeron: “Apartémonos de la toxicidad. Si no anexamos a todo ese país es por los millones de indios que todavía existen ahí. ¿Vamos acaso a matarlos a todos tal y como lo hicimos con los cherokees, los apaches, los sioux y los comanches? ¡Nos condenaríamos! Dicho de otra manera, si México no desaparece de la geografía, es en razón de sus indios. No los deseamos. Los despreciamos. Quedémonos nada más con los grandes territorios casi despoblados desde la aparición del hombre sobre la faz de la tierra…” (p. 530)

¿Quién les diría a esos norteamericanos que la raza blanca y caucásica sería minoría en esos mismos territorios hoy en día? ¿Cuántos norteamericanos conocen lo que escribió Ulises S. Grant, presidente de Estados Unidos (1869-1876) en sus memorias?: “Yo no creo que jamás haya habido una guerra más injusta que la que los Estados Unidos hicieron a México. Me avergüenzo de mi país al recordar aquella invasión. Nunca me he perdonado el haber participado en ella…” (p. 439)

Una vez terminada la guerra un periódico norteamericano publicó en su primera plana: “La derrota de México nos conducirá a una guerra civil entre estados abolicionistas y esclavistas. Nuestro país estallará en mil astillas en una pavorosa conflagración racial originada por la anexión de los territorios propiedad de nuestro vecino del sur. James K. Polk, el mendaz, un hombre en el que nadie debe creer… Él nos mintió e inició una guerra innecesaria e inconstitucional. Ahora todas las naciones pensarán que a Estados Unidos lo mueve un sentimiento de rapacidad. Nosotros y no él, pagaremos las consecuencias externas e internas…” (p. 523)

Por otra parte, los mexicanos que leemos el libro de Francisco Martín Moreno, llegamos a la terrible conclusión de que no fuimos derrotados como nación ya que no éramos una nación. Éramos sólo un amasijo de territorios sin una verdadera conciencia nacional, gobernados por un “Napoleón de opereta” llamado Antonio López de Santa Anna. En México existían muchos traidores que soñaban con ser gobernados por un príncipe extranjero como finalmente sucedió con Maximiliano. Existía un clero capaz de vender indulgencias al mejor postor y convencer a los fieles de que era preferible ser gobernado por los norteamericanos ya que ellos prometieron respetar los bienes eclesiásticos, que en aquel entonces formaban más de la mitad de la riqueza de México.

Faltarían muchas guerras internas y externas para consolidarnos como una nación, tendríamos que terminar con el gobierno de Maximiliano y derrotar a los franceses en la batalla del 5 de mayo para empezar a sentirnos como mexicanos. La Revolución Mexicana nos dio unidad y conciencia de país, ya no fuimos más los del norte o los del sur, sino un solo México.

México Mutilado es un grito de denuncia, de rabia, de impotencia ¿Por qué los mexicanos hemos hablado tan escasamente de la guerra de 1836 contra los Estados Unidos?

¿Cómo explicar la recepción popular brindada a Winfield Scott, el victorioso general norteamericano, cuando llegó hasta la plaza de la constitución entre vítores y aplausos provenientes de los balcones repletos de aristócratas mexicanos? ¿Cómo explicar a un pueblo predominantemente católico que la iglesia de entonces estuvo aliada a nuestros invasores porque los militares norteamericanos le garantizaron no atentar contra sus bienes ni contra el ejercicio del culto a cambio de que convencieran a los feligreses mexicanos de las ventajas de la rendición incondicional? ¿Acaso hoy, a casi 160 años, los mexicanos somos más unidos, más cultos, más preparados y hemos disminuido la distancia que nos separa de Estados Unidos? Quien no conoce su historia está condenado a repetirla.



http://flan.utsa.edu/labrapalabra/no3/resena.html

viernes, marzo 30, 2007

Cuando los Santos vengan marchando…


Dos años después de la muerte de Karol Wojtyla, quien fuera llamado Juan Pablo II y con 1.163.865 kilómetros de viajes realizados lo que le valió el apodo de “Papa Viajero” se lleva a cabo la conclusión de la segunda fase del proceso de beatificación de su persona.
Sucederá a esta instancia el proceso de canonización, que suele demandar años pero en este caso el papa Benedicto XVI está ansioso por acelerar.
En el marco de esta voluntad irrumpe en el escenario religioso la declaración de la monja francesa, Marie Simon Pierre, quien asegura que luego de visitar al papa se produjo el “milagro” de su sanación de la terrible enfermedad de Parkinson que padecía.
Juan Pablo II, según la hermanita francesa, intercedió para que la obra de Dios actuara sobre su dolencia eliminándola definitivamente. Esta acción se sitúa en el primer milagro dentro del proceso en la causa de beatificación que podría anclar en su canonización.
Según las altas figuras de la iglesia católica, este milagro demostraría que el Papa sentía en su propia piel “la batalla por la dignidad de la vida” y es precisamente a través de esta noticia que nos llenamos de interrogantes desde el lugar de ignotos en cuanto al tema “milagros y bendiciones”, leyendo otras noticias que nos erizan la piel y no logran sino confundirnos más.
Porque estamos presenciando diariamente la cantidad de “milagros” que se producen a lo largo y ancho de esta inmensa pelota llamada tierra, donde miles de mujeres y hombres logran sobrevivir con menos de un dólar diario…
Mientras vemos millones de niños durmiendo bajo puentes, en plazas, en estaciones de trenes abandonadas, cubiertos sus cuerpecitos apenas con hojas de papel de diario algunas de las cuales contendrán noticias, justamente, de las grandes obras de la iglesia en estos tiempos de guerras y crímenes, impunidades y escándalos.
¿Cuál será el ala de la iglesia que se tome un minuto dentro de su ajetreo diario para considerar que también en estos casos se obran milagros? Sin dudas la hay, pero también sin dudas será satanizada…
El Papa actual, los obispos, cardenales y demás fauna eclesiástica, ¿considerarán milagro también la lucha de miles de madres en el mundo por tratar infructuosamente de salvar a sus hijos que ven morir en sus brazos, imposibilitadas de acceder a atención y medicinas en medio del colapso que atraviesa la salud pública, cuando algunos criminales privatizaron hasta ese derecho básico, elemental, impostergable sin recibir condena de la Iglesia?
¿Será que sólo hay que vestir ropas de clérigo para llegar a santo?
¿No lo serán jamás aquellos que conocieron el hambre estallando en sus panzas y producido por las políticas más absurdas y el silencio cómplice de uno de los más grandes imperios: el Vaticano?
¿Será que no tienen valor las vidas de aquellos que escapan de bombas de altísimo poder destructivo, descargadas a partir de mentiras y que gozan de la bendición de una iglesia que con tibieza vomita apenas un aviso en letras menores sobre el peligro que implica declarar una guerra?
Juan Pablo II logró que una monja cure su dolencia, lo cual lo elevaría al lugar de nuevo santo, el mismo Juan Pablo que permitió comulgar a Pinochet y a los generales de la Junta Militar que llenaron de sangre los pueblos chileno y argentino y lo hizo en medio de una guerra ridícula de la cual en estos días se conmemora un nuevo aniversario y ¡a cuyo frente iban muchachos de 20 años!!!
Creo que es hora de comenzar a ver, de una vez por todas, que también hay gente que merece cuando menos una consideración. Es esa gente que lucha contra la miseria, sacerdotes y monjas que chapalean barro en las villas de emergencia, en hospitales donde se hacinan niños víctimas de enfermedades evitables, generadas a partir de las políticas de exclusión en que sumergen a los pueblos.
Sacerdotes y monjas –no sólo enfermos de Parkinson- que saben del horror por padecerlo constantemente y sin hacer exclusión entre niños católicos o musulmanes.
Y será cuando la Iglesia deje de minimizar su campo visual de por sí tan limitado, el momento en que realmente Dios, el que tan selectivo consideran algunos, apruebe que un nuevo santo ingrese en la larga lista de los ya existentes.
Milagro es sobrevivir hoy a la ola de horrores en que se están sumergiendo pueblos enteros y milagro será sobrevivir a los que lleguen, cuando se detengan a analizarlo verán que el cielo quedará chico para recibir batallones inmensos de santos y santas…
Ingrid Storgen

lunes, marzo 26, 2007

Lo que pasó con el Papa en Nicaragua

Historias de Juan Pablo II
Lo que pasó con el Papa en Nicaragua
por Ernesto Cardenal*
"Bienvenido a la Nicaragua libre gracias a Dios y a la revolución" decía una gran manta en el aeropuerto cuando llegó el Papa. Si Juan Pablo II la leyó, ella le habrá dado más disgusto del que ya llevaba adentro. Lo que más le disgustaba al Papa de la revolución de Nicaragua es que fuera una revolución que no perseguía a la Iglesia. El hubiera querido un régimen como el Polonia, que era anticatólico en un país mayoritariamente católico, y por lo tanto impopular.
"Bienvenido a la Nicaragua libre gracias a Dios y a la revolución" decía una gran manta en el aeropuerto cuando llegó el Papa. Si Juan Pablo II la leyó, ella le habrá dado más disgusto del que ya llevaba adentro.
Analistas religiosos en España observaron que estuvo muy efusivo y cariñoso en toda su gira por Centroamérica, acarició a los niños, saludó a un jovencito o alguna jovencita y algún lisiado, pero no estuvo así en Nicaragua, sino que allí se mantuvo muy serio y muy rígido, sin ninguna espontaneidad afectiva, ningún gesto que no fuera controlado. Y eso que fue antes del bochorno que iba a acontecer durante la misa campal en la plaza.
De las primeras cosas del Papa cuando pisó suelo nicaragüense fue la humillación pública que me hizo en el aeropuerto enfrente de todas las cámaras de televisión. Aunque no me cogió de sorpresa porque estaba preparado para ello.
El Nuncio ya me había advertido que eso podía pasar. El Papa no quería que ninguno de los sacerdotes en el gobierno estuviera recibiéndolo en el aeropuerto. Pero solo a mí se aplicaba eso. El padre Escoto, que era canciller, tenía que estar en una reunión de cancilleres en Nueva Delhi.
Fernando, mi hermano, que después fue Ministro de Educación, no lo era entonces, sino que era un dirigente de la Juventud Sandinista. El padre Parrales, otro de los del Gobierno, tenía un cargo diplomático en Washington. Sólo yo, como miembro del gabinete, debía estar presente en el recibimiento. Les dije a los de la Dirección Nacional que no tenía ningún interés de estar allí, y que mejor me negociaran por cualquier otra cosa. Porque para la venida del Papa todo era negociación.
Quién subiría a la escalerilla del avión para bajar con su Santidad. Si se quitaba el mural de los fundadores del Frente Sandinista que iba a quedar por encima de la cabeza del Papa (no se quitó). Hasta lo más nimio se discutía. Porque parece que cuando viaja un pontífice nada es nimio. Y en cuanto a mí, la Dirección Nacional no cedió. Dijeron que debía estar allí, porque además de ser miembro del gabinete era una gloria nacional.
Se amenazó con que en ese caso el Papa no vendría a Nicaragua. Pero hacía poco el presidente Reagan había visitado todos los países de Centroamérica salteándose Nicaragua, y para el Papa era muy feo repetir lo mismo. Al final el gobierno propuso una solución: el Papa pasaría saludando de lejos a los ministros, y así no tendría que encontrarse conmigo.
El cardenal Silvestrini, que era el segundo de la Secretaria de Estado, en la que el cardenal Casaroli era el Secretario, vino una semana antes para afinar los últimos detalles, y dijo que esa era una solución genial, y que así se haría. Pero el Papa lo dispuso de otro modo.
Después de todos los saludos de protocolo, incluyendo los de guardia de honor y la bandera, el Papa le preguntó a Daniel que lo llevaba del brazo si podía saludar también a los ministros, y naturalmente le dijo que sí; y se dirigió a nosotros. Flanqueado por Daniel y el cardenal Casaroli fue dando la mano a los ministros, y cuando se acercó a donde mí hice lo que en ese caso había previsto hacer, alertado ya por el Nuncio: y fue quitarme reverentemente la boina, y doblar la rodilla para besarle el anillo.
No permitió él que se lo besara, y blandiendo el dedo como si fuera un bastón me dijo en tono de reproche: “Usted debe regularizar su situación”. Como no contesté nada, volvió a repetir la brusca admonición. Mientras enfocaban todas las cámaras del mundo.
Un periodista del Atlantic Monthly escribió que yo le conté que mi mamá, dolida por el incidente, me había dicho: “Yo creía que te trataría como un padre”, y yo le contesté: “Me trató como un padre, pero no como una madre”. Francamente no me acuerdo de eso.
Me parece que todo esto fue bien premeditado por el Papa. Y que las cámaras de televisión estaban sobre aviso. El hecho es que esta imagen fue difundida por el mundo entero, y lo sigue siendo todavía: ahorita mismo, 19 años después me informan que la han vuelto a sacar con motivo de unos recientes viajes del Papa.
En aquella ocasión el norteamericano Blase Bonpane escribió una carta abierta al Papa diciéndole que era un escándalo lo que había hecho conmigo, y que me debía pedir perdón públicamente. Y le reclamó que al mismo tiempo que a mí se me hubiera hecho ese rechazo en Nicaragua, en El Salvador se hubiera abrazado con el asesino de Monseñor Romero.
En realidad era injusta la reprimenda del Papa, porque yo tenía regularizada mi situación con la Iglesia. Los sacerdotes con cargos en el gobierno los teníamos con autorización de los obispos, y ellos habían hecho pública esa autorización. (Hasta después fue que el Vaticano nos prohibió tener esos cargos).
Y la verdad es que lo que más le disgustaba al Papa de la revolución de Nicaragua es que fuera una revolución que no perseguía a la Iglesia. El hubiera querido un régimen como el Polonia, que era anticatólico en un país mayoritariamente católico, y por lo tanto impopular.
Lo que menos quería era una revolución apoyada masivamente por los cristianos como la nuestra, en un país cristiano, y por lo tanto una revolución muy popular. ¡Y lo peor de todo para él que fuera una revolución con sacerdotes!.
No era así la posición del cardenal Casaroli, el Secretario de Estado. Yo había sido recibido por él en el Vaticano, tal vez como un año antes. Su ornamentado despacho estaba exactamente debajo del despacho del Papa, en un piso más abajo.
Comenzó diciéndome que yo sabía la posición del Vaticano con respecto a los sacerdotes en los puestos de Gobierno; pero que él creía que Nicaragua podía ser una excepción, porque era una cosa nueva; el solía decir en el Vaticano: “En Nicaragua todo es nuevo”. Me preguntó por Solentiname, y cuando le dije que deseaba renunciar para volver allí, vi la preocupación en su rostro.
Me dijo que una decisión de esa clase no debía hacerse con ligereza; debía ser pensada bien y consultada. Vi que le impresionó, y como que era algo en lo que no había reparado mucho, cuando le dije que los cargos de los sacerdotes en la revolución no eran meramente honoríficos, sino de los más fundamentales en una revolución.
El de canciller era el ministerio más importante en un gobierno, como era el suyo de Secretario de Estado. A Fernando le habían encomendado la formación de la juventud, que era el futuro de la revolución. El de Cultura era el ministerio ideológico de la revolución: encargado de las publicaciones, literatura, cine, teatro, artes plásticas, música, bibliotecas, casas de cultura.
Y me volvió a decir que mi ida a Solentiname debía ser bien meditada. También a él lo que más le gustaba era dar clases de filosofía, pero debía renunciar a eso por el trabajo que le había tocado hacer en el Vaticano. Me dijo que el marxismo lo conocía bien, porque había sido nuncio en los países socialistas por 8 años, y que él no tendría objeción a un marxismo que exigiera tener que ser ateo, y le dije que ése era el marxismo de la revolución de Nicaragua.
La noche antes de la gran misa del Papa en Managua, en la misma plaza, y mientras se hacían en ella los últimos arreglos de la misa, gobierno y pueblo celebraron juntos los funerales de 17 muchachos de colegio que había sido matados por la contra. Fue éste el primer ataque fuerte de la contra en Nicaragua; todavía no se había conformado el ejército y la defensa la hacían los jóvenes, que no tenían mucha experiencia militar ni buenas armas (cuando los atacaron ni siquiera habían colocado postas).
La sangre estaba fresca en ese lugar, y se esperaba allí del Papa al menos una palabra a favor de la paz.
En los otros países de Centroamérica que visitó el Papa la concurrencia fue de 75000 a 100000 personas !pero en Managua fueron 700000! Habían viajado días para ver y escuchar al Papa. Vinieron de cada rincón del país en camiones repletos. Toda Managua estaba llena de esos camiones transportando gente.
Las masas estaban desde muy temprano en la mañana aguantando el sol abrasador de todo el día. Se había decretado día feriado para la venida del Papa y se dispuso transporte gratis en todo el país, hasta desde los sitios más remotos.
En todas partes se hicieron comisiones con la autoridad civil, la autoridad militar y el cura del lugar, para facilitar el viaje a todo el que quisiera ir a Managua, y para dar el transporte más cómodo a las personas de más edad o con algún impedimento; lo que costó más de $50000 a la empobrecida Nicaragua. El gobierno hizo todo lo posible para que la plaza de Managua, en la misa del Papa, se llenara de gente; porque llenarse de gente sería llenarse de revolucionarios.
Así fue que en la plaza hubo 700000 personas. Nicaragua tenía entonces 3 millones de habitantes, y eso quería decir que una cuarta parte de la población estaba allí presente. También la derecha acarreó por su parte lo más que pudo de gente, y éstos fueron unas 50000 personas lideradas por el padre Carballo, que entraron a la plaza desde la noche antes y ocuparon los lugares de adelante.
Nos extraño que el Papa en su discurso en el aeropuerto hablara de aquellos impedidos de llegar a su encuentro como hubieran querido. Lo que repitió varias veces durante la misa. Y ponía un énfasis perverso en cada sílaba, para que se entendiera bien que eran muchos a los que no se les había permitido llegar. ¿Acaso podían haber llegado más de las 700000 personas? Y como los discursos los traía escritos, y habían sido hechos en Roma, ¿ cómo es que ya sabían desde antes que eran muchos a los que se les impidió llegar?
El sudor nos empapaba a todos al comenzar la tarde de aquel 4 de marzo de 1983, pues marzo es uno de los dos meses más calientes de Nicaragua, y la temperatura puede haber sido de más de 40 grados: pero nadie sospechaba que los ánimos se iban a caldear mucho más que esos 40 grados durante la misa del Papa.
Sorpresivamente la misa comenzó con una alocución del arzobispo Obando. Tanto que se esforzó la revolución en colmar esa plaza de gente, y fue para que a esa gente le hablara ahora el archienemigo de la Revolución.
En todas las negociaciones previas, en las que hasta lo más nimio se discutió, no se había contemplado que monseñor Obando hablara. Y Obando dio la bienvenida al Papa comparando su llegada a Nicaragua a la visita que una vez Juan XXIII había hecho a una cárcel a Roma. Me chocó esa comparación de Nicaragua con una cárcel, pero más me chocó el aplauso de toda la plaza. ¿Era que todo el pueblo se había volteado contra nosotros?
Las lecturas de la misa no fueron inocentes. Se veía que habían sido escogidas ex profesamente contra los sandinistas. Del Antiguo Testamento fue leído lo de la Torre de Babel: los hombres que se quisieron igualar a Dios. Del Nuevo, lo del Buen Pastor: solamente Cristo lo es; los otros son ladrones y salteadores.
El tema de la homilía papal fue el de la unidad de la Iglesia, lo que quería decir un ataque a la llamada “Iglesia Popular”, o también “ Iglesia paralela”: los cristianos revolucionarios a los que se nos acusaba de querer destruir esa unidad.
Fernando y yo estábamos sentados juntos en la tribuna del gobierno, y poco antes de que empezara la misa lo llamó Daniel Ortega. Era para que les dijera a un grupito de teólogos que estaban listos a asesorar en caso de una emergencia, que no había nada que temer, que habían leído la homilía del Papa y que no sería conflictiva.
Pero resulta que no parecía conflictiva para quien la leyera rápidamente, pero sí lo era pronunciada por el Papa. La agresividad no estaba en las palabras sino en el tono acusatorio en que eran dichas y aun gritadas a veces. Una cosa era pasar los ojos por un texto al parecer inocuo, y otra oírlo vociferado por el Papa.
Era evidente que el Papa odiaba la revolución sandinista. Y había llegado a Nicaragua a pelear. Lo desconcertante era que en cada final de frase la plaza estallaba en aplausos y vivas al Papa. Hubo un momento en que pensé que la revolución se venía abajo.
Me dije que de seguir eso así, a todos los de esa tribuna del gobierno nos iba a tocar hacer maletas esa tarde. Pero entonces es que cesaron los grandes aplausos; los que aplaudían ya eran sólo los 50000 que había acarreado el padre Carballo, y el resto de la plaza comenzó a protestarle al Papa.
Después me enteré que la orientación de la revolución en todo el país había sido de no decir ninguna consigna política, tan sólo gritar vivas al Papa y aplaudir lo que dijera. Se pensaba que lo que diría sería de carácter personal; eso había asegurado repetidas veces el Vaticano.
Si uno ve los vídeos de la misa puede comprobar que hubo un cambio progresivo en la gran mayoría de la plaza, dejando de aplaudir primero, y protestando más y más después, conforme se van dando cuenta que el Papa al hablar de la Iglesia esta hablando contra la revolución y contra los cristianos y los sacerdotes de la revolución.
Y que por lo tanto no fue como muchos dijeron después, un ataque al Papa hecho premeditadamente por la revolución; sino que el Papa atacó primero a la revolución, el pueblo se mantuvo confuso y dudoso como veinte minutos, y después reaccionó contra el Papa.
Repetidas veces el Papa había dicho que Nicaragua era su “segunda Polonia”. Y ése fue un gran error, porque Nicaragua no era Polonia. El creía que había un régimen impopular, rechazado por la gran mayoría cristiana, y que su presencia beligerante provocaría una sublevación del pueblo contra los comandantes de la Dirección Nacional y la Junta de Gobierno que estarían presentes en la plaza.
Que bastaba que él hablara contra la revolución sandinista, y tendría el respaldo masivo de esa plaza. Y el Papa llegó a Nicaragua a desestabilizar la revolución. Si el Papa no hubiera estado equivocado, la noticia mundial de ese día habría sido que el pueblo de Nicaragua rechazaba la revolución.
Y ciertamente ese hubiese sido el derrumbe de la revolución sandinista, como yo lo llegué a temer esa tarde. Pero como el pueblo defendió su revolución y rechazó al Papa, la noticia mundial fue “el agravio que se hizo al Papa en Nicaragua”.
El pueblo le faltó el respeto al Papa, es verdad, pero es que antes el Papa le había faltado el respeto al pueblo.
Primero las madres de los 17 muchachos muertos comenzaron a pedirle al Papa una oración por sus hijos, y él no les hizo caso. Y después se acercaron al altar, y empezaron a pedirlo a gritos. Otros pedían una oración por la paz, y después eran muchos gritando “ ¡Queremos la paz!”, lo que hizo que el Papa le respondiera a la multitud gritando: “La primera que quiere la paz es la Iglesia”; y más tarde, porque las protestas del pueblo iban creciendo, cogió el micrófono y gritó a todo pulmón: “¡Silencio¡”. A partir de entonces el irrespeto fue total.
El Papa quería decir las palabras de consagración, las del momento más solemne de la misa, y no podía por las consignas que la multitud gritaba: “!Queremos la paz!”, y “¡No pasarán!”.
Había también vivas al Frente Sandinista, mientras los miles de derecha que estaban en la parte delantera de la plaza lanzaban vivas al Papa. En uno de los vídeos se oye a una mujer que grita: ¡No es un Papa de los pobres.
Miren cómo se viste!”. Dos o tres veces más el Papa tuvo que volver a gritar silencio. Por primera vez en la historia moderna un papa era humillado por la multitud. En los videos se le ve desconcertado por lo que está pasando, y varias veces da muestras de vacilación ya que esta a punto de deja el altar. Al final de la misa, la bendición papal apenas la pudo hacer, después de iniciarla tres veces, ante una multitud que estaba cantando el himno del Frente Sandinista.
El Papa se fue directamente de la misa al aeropuerto, en un auto en el que lo acompañaba sólo el arzobispo Obando. Y en el trayecto ninguno de los dos se dijeron ninguna palabra. Al que fue el chofer de ese vehículo, que era un oficial del Ministerio del Interior, se lo oí contar; que el Papa iba taciturno, y no habló no comentó nada de lo que había pasado.
Ya en el aeropuerto el Papa quiso subir al avión sin ningún protocolo de despedida, pero lo detuvieron, y fue impedido de irse de esa manera.
El embajador de Nicaragua en el Vaticano, mi amigo Ricardo Peters, me contó que al acabar la misa se le acercó sombrío el cardenal Casaroli para preguntarle su opinión, y él le dijo: “El Papa vino a hacer un acto político a Nicaragua, y Su Eminencia vio el resultado”. Casaroli pareció estar de acuerdo, porque dijo que verían cómo enmendaban eso en Roma. Pero era algo que no tuvo enmienda.
El cardenal Casaroli había sido partidario de las buenas relaciones con Nicaragua, y a lo mejor le alegró lo que había pasado, por eso le venía a dar la razón a él y demostraba que la política del Papa estaba equivocada.
Pero lo que sucedió es que él fue destituido de su cargo de Secretario de Estado (el número 2 del Vaticano y a quien se consideraba un posible Papa) y enviado a una oscura parroquia de Italia; donde no sé si tendría la oportunidad de dar las clases de filosofía que amaba. Mientras Obando fue nombrado cardenal, y al regresar de Roma, antes de ser recibido en Nicaragua, se presentó ante los exiliados nicaragüenses en Miami, que lo recibieron jubilosos.
Lo que dijo el Vaticano, lo que dijo la prensa capitalista de todo el mundo entero, lo que dijeron muchos obispos, fue que el régimen marxista de Nicaragua había cometido un ultraje contra el Sumo Pontífice, se habló de sacrilegio y de profanación de la misa papal. Y en otras misas de Centroamérica que él visitó después se celebraron misas de desagravio. Fue un descrédito mundial para la revolución ciertamente.
¿Pero qué hubiera pasado si el pueblo hubiera seguido aplaudiendo? Me parece que fue una prueba de fuego que la revolución, y que salió triunfante. Porque era un pueblo mayoritariamente católico el que estaba allí presente, y ni todo el prestigio y poder espiritual del Papa de Roma pudo hacer que se volteara contra sus dirigentes, sino que se volteó contra el Papa.
En Estados Unidos el periódico católico National Catholic Reporter, escribió que en Managua el Papa se había negado a hablar de la paz como lo hizo en las otras naciones centroamericanas, y la multitud se le enfrentó como lo había hecho San Pablo con el primer Papa.
También hubo otros que señalaron que en las diferentes misas campales de Centroamérica el mensaje del Papa fue la paz, menos en Nicaragua, donde era más necesario porque estaba enfrentando una guerra. No habló de paz y no rezó por los caídos. Igualmente se señaló que en los países latinoamericanos donde había guerrillas el Papa siempre se dirigía a los guerrilleros exhortándolos a que depusieran las armas.
Solamente no lo hizo en Nicaragua, que sufría una guerrilla financiada por Reagan, y era el único sitio donde su exhortación podría haber influido, porque cometían muchas atrocidades y crímenes invocando su nombre.
Unos meses después circuló por el mundo un documento secreto que parece que fue el que asesoró a Juan Pablo II sobre la situación política y eclesiástica para la visita que haría a Nicaragua. Teólogos españoles dijeron que la actitud del Papa parecía haberse atenido literalmente a las propuestas de este documento, y que aquí se encontraba la clave de la actuación del Papa en este país.
La revista francesa Informaciones Católicas Internacionales comentó: “Parece más bien un informe hecho por el Consejo de Seguridad de Estados Unidos que un documento pastoral. Todo ahí se realiza en términos políticos y de relaciones de fuerza; no hay ningún vestigio de una preocupación pastoral o evangélica”.
Se descubrió también que el autor era el nicaragüense Humberto Belli, un fanático de derecha, que después del triunfo de la revolución dirigió la campaña ideológica del diario La Prensa en materia religiosa, colaboró estrechamente con monseñor Obando, y más tarde en Estados Unidos organizó una campaña de difamación de la revolución sandinista y de los sectores de la Iglesia que la apoyaban.
Las tesis de Belli extraordinariamente sintetizadas por un equipo especializado norteamericano fueron dadas al Papa, con una estructura gramatical y sintáctica tomada del inglés, y con ella fueron elaborados los discursos que el Papa llevo a Nicaragua.
También hay algo que el Vaticano ha mantenido en secreto, y son muy pocos los que lo han sabido, y es que con la venida del Papa llegaron a Nicaragua como 20 chalecos antibalas; y le insistieron al Papa que usara uno durante su misa campal, aunque él no lo quiso usar. Y para mi este un dato revelador: indica que sabían que el Papa estaría incendiario en Nicaragua, que podría incluso hasta tumbar el Gobierno, y que por tanto podría ser víctima de un atentado.
El superior general de una orden religiosa muy vinculado al Vaticano reveló una vez en confidencia que el Papa Juan Pablo II era muy vengativo, y jamás olvidaba lo que se le había hecho en Nicaragua.
Esto es confirmado cuando años después Juan Pablo II regresó a Nicaragua a vengarse de los sandinistas, y no perdió oportunidad de humillar a los dirigentes que lo habían humillado, y que habían perdido el poder político tras una derrota electoral.
Ello hizo que el National Catholic Reporter también escribiera esta vez que el Papa que había visitado una cárcel de Roma para perdonar al que había atentado contra su vida, no había sido capaz de perdonar a los sandinistas.
Esta segunda vez que el Papa dijo que en su misa campal que ahora si podían llegar a expresar su fe ante él todos lo que habían querido, sin que nadie se los impidiera: aunque el público que había en esa misa era una tercera parte del que la primera vez. Se refirió a la Nicaragua de la vez anterior llamándole “la noche oscura”, aunque aquella misa había sido a media tarde en pleno sol.
Y es verdad que para muchos católicos cuando al final de la tarde se alejaban de la tarde se alejaban de la plaza cubierta de papeles, lo que cayeron fueron muchas tinieblas; y vaciló la fe de muchos, y hubo otros que talvez perdieron la fe.
Y talvez quien mejor interpretó a la mayoría de los que colmaron a la plaza fue un vendedor de maní que dijo: “El Papa no nos dijo nada, nos ha dejado un vaciíto.
 Ernesto Cardenal
Sacerdote, escritor y poeta nicaraguense