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martes, mayo 15, 2007

¿QUE ES Y COMO SE MIDE LA POBREZA?


Por Olmedo Beluche

"La pobreza, como la belleza, está en el ojo de quien la percibe".

M. Orshansky.

La pobreza está y se percibe por doquier. Golpea los sentidos, entristece al que la mira, se puede palpar, se la oye quejarse, huele. La soportamos a diario, y en la esquina menos pensada se nos aparece. Aunque algunos, ya insensibilizados, pasan sin querer reconocerla.

Pese a ser tan diáfana para los sentidos, no es fácil que los técnicos se pongan de acuerdo en cómo definir y en cómo medir la pobreza. La primera palabra que asociamos con pobreza es "carencia". Evidentemente, el pobre es un ser humano incompleto, a medias, pues le faltan atributos que poseen otros hombres y mujeres. Atributos que, en los casos extremos, son muy visibles. Los pobres no pueden garantizarse aspectos esenciales para la vida y dignidad humana: alimentación, vestido, vivienda.

No se trata de que los pobres no coman en absoluto, pues morirían en pocos días; ni que vaguen por las calles absolutamente desnudos, alguna vestimenta les cubre; ni que todos duerman en las esquinas. De ser así, sería muy fácil distinguir a los pobres de los que no lo son. Para determinar quién es pobre y quién no lo es, desde un punto de vista sociológico, hay que especificar la diferencia, a veces sutil, entre una alimentación adecuada para un ser humano, y la insuficiente; entre la capacidad para garantizarse ropa y vivienda, aunque modesta, pero digna de una persona, de la que no lo es.

Determinar en qué consiste lo "suficiente", lo "digno", o lo "normal" es el problema, pues la percepción que tenemos de estos conceptos varía de una sociedad a otra, y de un momento a otro. Cocinar con leña, por ejemplo, tal vez era normal en el siglo XIX, pero a fines del siglo XX puede ser un indicio de pobreza. Una vivienda sin agua potable, ni drenajes públicos, con servicio "de hueco", bien podía ser "normal" en otros tiempos, hoy por hoy no es así.

"El hambre es, claramente, el aspecto más notorio de la pobreza", ha dicho Amartya K. Sen (1). Seguramente, por esa razón, los primeros estudios sobre la pobreza se centraron en lo que se ha denominado "enfoque biológico", es decir, el que definía este concepto como la incapacidad para adquirir alimentos suficientes para garantizar "el mantenimiento de la eficiencia física".

A primera vista, parece acertado definir la pobreza de esta manera, pero si hurgamos un poco nos damos cuenta de algunas imprecisiones. El Dr. Sen le señala tres dificultades principales al enfoque biológico. Primero, los requerimientos nutricionales mínimos "encierran una arbitrariedad intrínseca", puesto que varían con las características físicas, el clima y el tipo de trabajo. En segundo lugar, no es fácil relacionar los requerimientos nutricionales con productos del mercado cuantificables, ya que la gente tampoco sigue hábitos de consumo completamente racionales. Tercero, varía mucho la proporción del ingreso gastado en comida de una familia a otra (2).

Pero, además, la pobreza no es reducible exclusivamente a incapacidad alimentaria, pues, como dicta el sentido común, una hambruna desatada por alguna calamidad natural no puede ser considerada como una situación de pobreza. En la moderna sociedad capitalista, la pobreza implica inaccesibilidad total o parcial a un conjunto de mercancías indispensables para la vida, entre ellas los alimentos.

Tal vez por eso, Adam Smith definía la pobreza respecto de la incapacidad para adquirir determinadas mercancías, entendiendo por ellas "... no sólo las indispensables para el sustento de la vida, sino todas aquellas cuya carencia es, según las costumbres de un país, algo indecoroso entre las personas de buena reputación, aun entre las de clase inferior. En rigor, una camisa de lino no es necesaria para vivir. Los griegos y los romanos vivieron de una manera muy confortable a pesar de que no conocieron el lino. Pero en nuestros días, en la mayor parte de Europa, un honrado jornalero se avergonzaría si tuviera que presentarse en público sin una camisa de lino".

Queda claro, entonces, que la pobreza debe ser definida como una incapacidad de los individuos o sus familias para acceder a una serie de productos indispensables para desarrollar una vida digna, de los cuales los alimentos hacen un componente esencial, pero no el único. Por supuesto, definir qué mercancías o productos, a partir de cuya posesión, acceso o carencia se define la pobreza, es el problema que deben resolver economistas y sociólogos en cada sociedad y época particular.

¿Cómo se mide la pobreza?

Definido el concepto de pobreza, el siguiente paso consiste en encontrar una metodología adecuada para estimar su incidencia en la sociedad. Si para definir el concepto de pobreza existen perspectivas diferentes, respecto al método para estudiarla también hay enfoques distintos.

De todas las posibles, dos han sido las metodologías privilegiadas para el análisis de la pobreza: el método de la línea de pobreza (LP) y el método de las necesidades básicas insatisfechas (NBI). El primero, el de la línea de pobreza, ha sido el más utilizado en América Latina. Dicho en pocas palabras, el método de la línea de pobreza consiste en la estimación del costo de una canasta básica de alimentos y servicios para una familia tipo, con relación a la cual se demarca la pobreza. Mediante una encuesta se comparan los ingresos promedio de las familias con el costo de dicha canasta. La capacidad o incapacidad para cubrir el costo de la canasta con los ingresos familiares dirá de qué lado de la línea se clasifica a la familia.

Se clasifica como pobres a las familias cuyos ingresos no alcanzan para satisfacer el costo de la canasta básica, y se considera en extrema pobreza a las familias cuyos ingresos ni siquiera alcanzan para cubrir la canasta básica de alimentos, sin añadir otros gastos.

Algunos especialistas internacionales prefieren utilizar los conceptos de pobreza relativa (secundaria) y pobreza absoluta (primaria). Refiriéndose a la primera como una "marginación de la vida social normal", es decir, "cuando no se alcanza un mínimo existencial que responda a las convenciones sociales y culturales"; entendiendo por la segunda, "cuando se ve amenazada la subsistencia física (expresada en términos de alimentación indumentaria, vivienda)" (3).

Ningún método es perfecto, y al de la línea de pobreza se le puede señalar como defecto que no mide el consumo o satisfacción real de las necesidades por parte del grupo familiar, sino su capacidad potencial (ingreso) para cubrir dichas necesidades. Es decir, una encuesta basada en este método no pregunta a las familias si efectivamente consumieron tales o cuales alimentos necesarios para una dieta balanceada, sino que se centrará en conocer la cuantía de sus ingresos monetarios, lo que le indicará al investigador si tienen la capacidad o no de cubrir el costo de la canasta básica. Por eso, a éste se le ha llamado también el método indirecto para estimar la pobreza.

Por supuesto, la canasta básica no constituye un criterio arbitrario, establecido en abstracto, sino que se construye a partir de un estudio de campo en que se establecen los hábitos de consumo acordes a las tradiciones culturales del país o región, y al estrato social. Para determinar la canasta básica hay que establecer también el tamaño promedio de las familias, la cantidad de adultos promedio, etc., lo cual conlleva también dificultades que no abordaremos.

Establecida la canasta básica, sobre la que se harán las estimaciones, es preciso revisarla periódicamente para actualizarla, puesto que los hábitos de consumo varían con el tiempo. Pese a los problemas señalados, el método de la línea de pobreza, dada la mensurabilidad de sus resultados, ha sido el más utilizado por los gobiernos y los organismos internacionales.

El otro método, el de las necesidades básicas insatisfechas, define una serie de necesidades elementales, y una norma para medir el grado en que las familias las alcanzan o no. Si la familia no logra satisfacer alguna de las necesidades señaladas se la clasifica como pobre.

Las necesidades básicas establecidas por esta metodología como variables a medir son cuatro: las referentes a las condiciones de la vivienda familiar (tipo de vivienda, estado, grado de hacinamiento); las referidas a la estructura físico sanitaria (agua potable, drenajes de aguas negras); el acceso al sistema educativo (escolaridad); y, por último, los ingresos familiares, para conocer la capacidad de satisfacer el resto de las necesidades, especialmente alimentación.

Este método ha cobrado auge a partir de los censos de población y vivienda de la década de los ochenta. Con él se han elaborado los llamados mapas de pobreza que demarcan, sobre la base de los criterios mencionados (vivienda, servicios públicos y educación), los corregimientos y distritos de mayor incidencia de la pobreza. Su defecto principal está en su sesgo hacia los problemas de vivienda e infraestructura físico sanitaria.

En la medida en que estos dos métodos, el de la línea de pobreza (LP) y el de las necesidades básicas insatisfechas (NBI), centran su concepción de pobreza en problemas distintos, se produce el hecho curioso de que tienden a no coincidir la cantidad de pobres, y quiénes deben ser considerados como tales, si se comparan los resultados de ambos métodos entre sí. La intersección entre el conjunto de pobres estimado por la LP y el conjunto calculado por el método NBI es muy pequeña.

Un estudio comparativo entre ambos métodos, hecho en Costa Rica (4), reveló que las familias pobres que coincidían en ser detectadas por ambos métodos correspondían al 6% de la población, lo que equivalía a menos de la mitad de las familias pobres captadas según el método de la línea de pobreza exclusivamente, y a un tercio de las estimadas únicamente con el método de las necesidades básicas insatisfechas.

Recientemente se ha propuesto integrar ambas perspectivas en un sólo método, que se ha denominado medición integrada de la pobreza (MIP) (5). Mediante éste, se trataría de complementar ambas visiones de la pobreza con el objetivo de tener un conocimiento más preciso acerca de ella.

Mediante el método NBI se identificaría la satisfacción o no de necesidades referentes a: servicios de agua y drenaje, nivel educativo de los adultos y asistencia escolar de los infantes, electricidad, vivienda, mobiliario hogareño, tiempo libre, recreación y cultura. Mediante el método LP se estimaría el grado de satisfacción de necesidades como: alimentación, vestido, calzado y cuidado personal, higiene personal y hogareña, transporte, comunicaciones básicas y otros gastos corrientes del hogar.

La atención de salud y reproducción biológica sería analizada por un procedimiento mixto, con el objeto de identificar en qué medida es satisfecha esta necesidad por la vía de los servicios públicos gratuitos o recurriendo a la medicina privada.

Para determinar la línea de pobreza se calcula una canasta básica sobre las base de las necesidades consideradas en el método de LP (alimentación, vestido, transporte, etc.); y se comparan los ingresos familiares con dicha canasta, pero, como se ha separado un grupo de necesidades para ser estudiadas por el método de la NBI (especialmente relacionada con vivienda y servicios públicos), debe restarse de los ingresos las erogaciones dedicadas a estos rubros (pago de vivienda, educación, etc.).

El método MIP permite una comprensión mejor y mayor del fenómeno de la pobreza, puesto que permite analizar los diversos tipos de pobres y sus condiciones de vida. Se pueden distinguir por medio de esta metodología por ejemplo: los pobres que, viviendo en un medio urbano o suburbano con infraestructuras adecuadas, no logran satisfacer sus requerimientos mínimos por la vía del ingreso familiar; o los pobres que, poseyendo ingresos mínimamente adecuados, viven en un medio carente de infraestructuras adecuadas para la vida humana; o aquellos que sufren carencias estructurales y de ingreso a la vez.

La utilización de la medición integrada de la pobreza hace posible la elaboración del concepto de pobreza crónica, compuesto por "aquellos cuyos ingresos son insuficientes para satisfacer necesidades esenciales de consumo corriente (línea de pobreza, LP) y de manera simultánea sufren carencias de tipo estructural (necesidades básicas insatisfechas, NBI)" (6).

Finalmente conviene señalar que, desde 1990, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), ha elaborado el llamado Índice de Desarrollo Humano (IDH), metodología que pretende integrar y superar a las anteriores. A partir de sus conceptos definitorios (productividad, equidad, sostenibilidad y potenciación), el IDH pretende medir, "desde la perspectiva del ser humano", factores económicos, sociales, políticos y culturales que determinan su desarrollo.

La metodología del IDH se sustenta sobre tres indicadores esenciales: esperanza de vida al nacer, nivel educacional (alfabetización de adultos y tasa combinada de matrícula primaria, secundaria y terciaria) y Producto Interno Bruto real, que debe reflejar el nivel de ingresos. El IDH establece una escala para la clasificación de los países, en la que su posición indica cuan lejos está de la "meta" de desarrollo óptimo estimada a nivel mundial (7).

El IDH no muestra la real distribución del ingreso en la sociedad; a la vez que la alta tasa de escolarización y sanidad no dice mucho de los ingresos reales de los trabajadores. Tal vez por eso, para sorpresa de muchos, en las estimaciones del IDH Panamá aparece como un país de desarrollo intermedio.

¿Por qué se produce la pobreza?

Una vez que hemos definido la pobreza, y reflexionado acerca de los métodos para estudiarla, es legítimo preguntarse por qué se produce este fenómeno social. Sabiendo sus causas, podemos conocer el remedio. Aunque en este caso, a primera vista, parece que los remedios que se ensayan no sirven, pues el mal se extiende constantemente. ¿Será porque se van por las ramas y no atacan la causa real del problema?

Una manera de abordar el asunto es la reflexión histórica, respecto a si siempre existió la pobreza, y cómo se ha manifestado en diversos tipos de sociedades. Un vistazo rápido y superficial nos permite ver que han existido sociedades, que han producido un grupo humano situado al margen del sistema, sobreviviendo en sus entresijos, alimentándose de sus migajas. Esas sociedades (Roma o Atenas), al igual que la moderna sociedad capitalista, tienen en común el fuerte desarrollo de una economía mercantil.

Pero, también es evidente que existen sociedades donde el concepto de pobreza no cabe. Por ejemplo, no podríamos definir como "pobre" a los miembros de una tribu primitiva, aunque vivan en chozas y su alimentación sea muy deficitaria. Es que la pobreza debe definirse con relación al sistema social del que hace parte.

También es preciso distinguir el concepto de desigualdad, del concepto de pobreza pues, si bien la segunda se fundamenta en la primera, no son lo mismo. La mera existencia de clases sociales implica la existencia de la desigualdad social. Pero, ¿podemos llamar pobres a los esclavos de las ciudades griegas o los siervos del medioevo? No cabe duda de que ambos, esclavos y siervos, eran sometidos a un régimen social fundamentado en la desigualdad, en la que ellos carecían de derechos (políticos, sociales y económicos) que poseían sus amos. Pero no eran pobres, entendiendo por pobreza la carencia de medios para satisfacer necesidades elementales a la dignidad humana. Su vínculo con la producción directa, y la posesión de medios de producción (en el caso de los siervos), les garantizaba una alimentación elemental para vivir y trabajar, como esperaban sus clases dominantes.

Por otra parte, un rígido sistema social carente de movilidad, con su correspondiente sistema de valores, eliminaba el factor sicológico y cultural que se abate como una tortura sobre los pobres de hoy: la expectativa de llegar a satisfacer muchas de sus necesidades. En la antigüedad griega y romana se acercarían más al concepto que tenemos de "pobre" aquellos libertos que sobrevivían en sus ciudades ofertando cada día sus habilidades en alguna labor en particular, cuyo destino navegaba en medio de circunstancias fortuitas.

Dejando de lado la reflexión histórica, que tomaría no poco tiempo y espacio, debemos señalar que "pobreza" es un término que expresa una realidad social que ha cobrado máxima vigencia en la sociedad capitalista. Capitalismo y pobreza son palabras hermanadas, las une un vínculo de origen, genético. La pobreza en la sociedad capitalista no se debe a un sencillo mecanismo de explosión demográfica debida a la longevidad y alta tasa de natalidad alcanzada por la especie humana en los últimos siglos, como ha sugerido "ingenuamente" Robert Malthus. La constancia con que la pobreza acompaña al sistema capitalista demuestra que ella es producto de las leyes de funcionamiento del sistema.

Tampoco la pobreza es, como lo pretende la Teoría Marginalista, heredera de un Gino Germani, un remanente de sociedades “arcaicas” que perviven en países en que el desarrollo capitalista no se ha completado. Para Germani, “democracia”, desarrollo económico y ausencia de pobreza son fruto del capitalismo, la “sociedad moderna”; mientras que los elementos negativos del sistema social, como la pobreza, son remanentes de la “sociedad antigua”. Nada más falso, la pobreza es generada por el propio desarrollo capitalista.

La sociedad capitalista genera la pobreza por dos vías, distintas pero relacionadas: por un lado, la tendencia permanente a pagar la fuerza de trabajo con un salario igual o ligeramente inferior al costo de su reproducción; por otro lado, la existencia de un permanente "ejército de reserva" desempleado que, a su vez, sirve para presionar la caída de los salarios al mínimo posible, aumentando así la parte de la ganancia empresarial.

El presupuesto básico con que funciona el capitalismo es la separación completa entre los productores (obreros) y los medios de producción. Que los trabajadores se encuentren desposeídos de los medios de producción, lo que nunca se había producido de manera tan absoluta en las sociedades precapitalistas, es lo que los obliga a vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario para poder vivir.

Para el sistema económico capitalista la fuerza de trabajo del obrero es una mercancía como otra cualquiera. Por lo cual, su precio o salario depende de su costo de producción, correspondiendo este último a la suma de todos los medios indispensables para la vida del obrero: alimentación, vestido, vivienda, etc.

En principio, pues, los salarios debieran corresponder al costo de las mercancías indispensables para la vida del obrero y su familia. Si esta regla se cumpliera, no habría pobreza en el sentido estricto. Pero el precio de la fuerza de trabajo, el salario, está regulado en el mercado capitalista por la oferta y la demanda. De manera que una mayor oferta de fuerza de trabajo, por encima de la ocupada en la producción, conlleva una tendencia a la baja de los salarios, incluso por debajo de su costo de producción.

Los salarios caen por debajo del costo de las mercancías indispensables para la vida del obrero y su familia, generándose una incapacidad permanente para satisfacer las necesidades elementales que garantizan una vida digna.

El sistema produce una situación permanente de pobreza entre los trabajadores: una gran masa de obreros, que poseen empleo, ven sus salarios disminuidos por la competencia que ejerce otra masa de desempleados, dispuestos a trabajar por cualquier salario para poder obtener algún ingreso que ayude a su supervivencia.

"Durante los períodos de estancamiento y prosperidad media, el ejército industrial de reserva ejerce presión sobre el ejército obrero en activo, y durante las épocas de superproducción y paroxismo pone un freno a sus exigencias. La superpoblación relativa es, por tanto, el fondo sobre el cual se mueve la ley de la oferta y la demanda de trabajo. Gracias a ella, el radio de acción de esta ley se encierra dentro de los límites que convienen en absoluto a la codicia y al despotismo del capital" (8).

Esta situación, lejos de disminuir con el desarrollo y el progreso técnico, se agrava, ya que el perfeccionamiento de las máquinas y herramientas de trabajo busca aumentar la productividad del trabajo, es decir, que los mismos trabajadores, o menos, produzcan más que antes. Carlos Marx cataloga esta tendencia como una ley del sistema capitalista.

"Cuanto mayores son la riqueza social, el capital en funciones, el volumen y la intensidad de su crecimiento y mayores también, por tanto, la magnitud absoluta del proletariado y la capacidad productiva de su trabajo, tanto mayor es el ejército industrial de reserva. La fuerza de trabajo disponible se desarrolla por las mismas causas que la fuerza expansiva del capital... Esta ley determina una acumulación de miseria equivalente a la acumulación de capital. Por eso, lo que en un polo es acumulación de riqueza es, en el polo contrario, acumulación de miseria, de tormentos de trabajo, de esclavitud, de despotismo y de ignorancia y degradación moral" (9).

* Capítulo 1 del libro: Pobreza y neoliberalismo en Panamá. 1997.

Citas

1. Sen, Amartya K. "Sobre conceptos y medidas de pobreza". En El conocimiento de la pobreza en América Latina. Revista Comercio Exterior. Vol. 42, Núm. 4. Banco Nacional de Comercio Exterior. México, abril de 1992.
2. Ibidem, págs. 311 - 312.
3. Schubert, Renate. "La pobreza en los países en desarrollo: concepto, magnitud, consecuencias". En Contribuciones: Pobreza en América Latina. Año XII, Nº 3. Fundación Konrad Adenauer. CIEDLA. Buenos Aires, julio - septiembre de 1995. Pág. 8.
4. PREALC. La pobreza en Centroamérica. Resumen Estadístico. Seminario "Las dimensiones sociales del ajuste en Centroamérica". UNICEF/ACDI. Guatemala, 1992.
5. Boltvinik, Julio. "El método de medición integrada de la pobreza. Una propuesta para su desarrollo". En El conocimiento de la pobreza en América Latina. Revista Comercio Exterior, Vol. 42, Núm. 4. Banco Nacional de Comercio Exterior. México, abril de 1992.
6. Proyecto Regional para la Superación de la Pobreza. "Magnitud y evolución de la pobreza en América Latina". En El conocimiento de la pobreza en América Latina. Revista Comercio Exterior, Vol. 42, Núm. 4. Banco Nacional de Comercio Exterior, México, abril de 1992.
7. Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Informe sobre desarrollo humano 1995. Harla S.A. de C. V. México, 1995.
8. Marx, Carlos. El Capital. Tomo I. Editorial Pueblo y Educación. La Habana, 1983. Pág. 583.
9. Ibidem, págs. 588 y 589.

miércoles, marzo 28, 2007

Misterio: ¿cómo la riqueza causa la pobreza en el mundo?


Michael Parenti (Sin Permiso)
Kaosenlared Martes,27 de marzo de 2007

Hay un "misterio" que se debe explicar, a saber; ¿cómo es posible que si las inversiones empresariales y la ayuda extranjera además de los préstamos internacionales han aumentado de forma espectacular en todo el mundo a lo largo de la última mitad del siglo pasado, también haya aumentado la pobreza?
Misterio: cómo la riqueza causa la pobreza en el mundo El número de personas pobres está creciendo en una proporción mayor que la de la población mundial. ¿Qué podemos concluir de ello?
En la segunda mitad del siglo pasado, los bancos y las industrias de EEUU (además de otras empresas occidentales) invirtieron mucho en las regiones pobres de Asia, África y América Latina conocidas como “Tercer Mundo”. Las trasnacionales son atraídas por los ricos recursos naturales, el alto rendimiento debido a los bajos salarios, y de casi la completa ausencia de impuestos, regulaciones medioambientales, derechos laborales y costes de seguridad laboral.
El gobierno de EEUU ha subsidiado esta fuga del capital mediante la concesión a las empresas de exenciones fiscales de estas inversiones en el mundo, e incluso con el pago de parte de los gastos de traslado, lo que ha escandalizado a los sindicatos que ven como en casa propia los puestos de trabajo se evaporan. Las transnacionales expulsan a los negocios locales en el Tercer Mundo y se apoderan de sus mercados. El cártel estadounidense de la industria agropecuaria, generosamente subsidiado por los contribuyentes estadounidenses, inunda el mercado de otros países con sus productos excedentes a bajo costo y hunde a los agricultores y granjeros locales. Como lo describe Christopher Cook en su Diet for a Dead Planet (Dieta para u planeta muerto): expropian la mejor tierra para el cultivo industrial de estos países, para convertirla habitualmente en monocultivo, lo que requiere grandes cantidades de pesticidas, reduciendo cada vez más las áreas cultivadas de cientos de variedades de cosechas que tradicionalmente servía de alimento a la población local.
Mediante el desplazamiento de las poblaciones locales de sus tierras y el saqueo de sus fuentes de autosuficiencia, las empresas crean mercados de trabajo saturados de gente desesperada y forzada a vivir en villas miseria y a trabajar duro por salarios de miseria (cuando puede trabajar), violando a menudo las leyes de estos países sobre salario mínimo.
Por ejemplo, en Haití, a los trabajadores se les paga 11 centavos por hora cuando trabajan para empresas gigantes como Disney, Wal-Mart y J.C. Penny. EEUU es uno de los pocos países que ha rechazado firmar la convención internacional para la abolición del trabajo infantil y el trabajo forzado. Esta postura proviene de las prácticas del trabajo infantil por parte de las empresas estadounidenses en el Tercer Mundo y en el propio interior de los EEUU, donde niños de 12 años padecen una alta proporción de accidentes y muertes, recibiendo a menudo pagos inferiores al salario mínimo.
Los ahorros que los grandes negocios cosechan de la fuerza de trabajo barata en el extranjero no se transforman en precios bajos para sus consumidores de otros lugares. No es para que ahorren dinero los consumidores de EEUU que las empresas contratan a fuerza de trabajo barata en regiones remotas. La contratan para aumentar su margen de beneficio. En el año 1990, el calzado hecho por niños indonesios que trabajaban 12 horas diarias por 13 centavos la hora, costaba solamente 2,60 dólares, pero era vendido por 100 dólares o más en los EEUU.
La ayuda de EEUU a países extranjeros normalmente va de la mano de la inversión transnacional. Aquélla subvenciona la construcción de las infraestructuras que necesitan las empresas en el Tercer Mundo: puertos, autopistas y refinerías.
La ayuda concedida a los gobiernos del Tercer Mundo viene condicionada. A menudo debe ser gastada en productos de EEUU, y se pide a la nación receptora que dé preferencias de inversión a las compañías estadounidenses, reemplazando el consumo de mercancías y alimentos domésticos por otros de importados, con lo que se crea más dependencia, hambrunas y deuda.
Una buena parte de la ayuda monetaria nunca ve la luz del día, al ir directamente a los bolsillos de funcionarios corruptos de los países receptores.
La ayuda (o lo que sea) también proviene de otras fuentes. En 1944 las Naciones Unidas crearon el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). El poder de voto en ambas organizaciones está establecido según la contribución financiera de cada país. Como mayor “donante”, los EEUU tiene la voz cantante, seguido de Alemania, Japón, Francia y Gran Bretaña. El FMI opera en secreto con un selecto grupo de banqueros y altos funcionarios de los ministerios de economía seleccionados mayoritariamente de los países ricos.
El BM y el FMI se supone que debe prestar asistencia a las naciones para su desarrollo. Lo que en realidad ocurre es otra cosa. Un país pobre solicita un préstamo al BM para el fortalecimiento de algunos aspectos de su economía. Si se diera el caso de que no pudiera devolver los altos intereses porque decrecen las exportaciones o por cualquier otra razón, se verá forzado a pedir un nuevo préstamo, pero esta vez al FMI.
Pero el FMI impone un “programa de ajuste estructural”, que asigna a los países deudores la concesión de exenciones fiscales a las transnacionales, la reducción de los salarios, la no protección de las empresas locales de las importaciones y de las adquisiciones extranjeras. Se presiona a las naciones deudoras para que privaticen sus economías y vendan a precios escandalosamente bajos sus minas, ferrocarriles y servicios públicos a las empresas privadas.
Estos países son forzados a abrir sus bosques para su tala y sus tierras para destriparlas en beneficio de explotaciones mineras a tajo abierto, sin el menor miramiento para el daño ecológico que pueda causarse. Las naciones deudoras también deben recortar los subsidios para la salud, la educación, el transporte y los alimentos, con el objetivo de gastar menos en su gente y para disponer de más dinero para satisfacer los pagos de la deuda. Apresados para aumentar los cultivos dirigidos a la exportación y disponer de ingresos, estos países se vuelven cada vez menos capaces de alimentar a su propia población.
Por estas razones en todo el Tercer Mundo han menguado los salarios reales, y la deuda nacional ha crecido tan vertiginosamente hasta el punto de que absorbe casi todos los ingresos por exportación de los países pobres, lo que crea más empobrecimiento hasta llevar al país deudor incluso a la imposibilidad de proveer a las necesidades de su población.
He explicado el “misterio”. No existe, por supuesto, tal misterio a no ser que se sea partidario de la mistificadora teoría del “goteo” [según la cual la riqueza de los ricos acaba beneficiando, “goteando”, a los pobres; según esta teoría los gobiernos deben ayudar a las empresas porque así se realiza el círculo virtuoso según el cual se crea riqueza, lo que a su vez crea empleo, que provoca mayor consumo... y todo el mundo sale felizmente beneficiado. N. del T.]. ¿Por qué la pobreza ha aumentado mientras la ayuda externa y los préstamos y las inversiones han crecido? Respuesta: préstamos, inversiones y otras formas de ayuda están diseñados no para combatir la pobreza, sino para el aumento de la riqueza de los inversores transnacionales a expensas de las poblaciones locales.
No hay tal goteo, sino un trasvase de los muchos que trabajan a los pocos adinerados.
En su permanente turbación, algunos críticos liberales concluyen que la ayuda extranjera y los ajustes estructurales del BM y el FMI “no funcionan”; el resultado final es que hay menos autosuficiencia y más pobreza para las naciones receptoras, aseguran. ¿Por qué los miembros de los estados ricos continúan aportando fondos al FMI y al BM? ¿Son sus líderes menos inteligentes que los críticos que les continúan advirtiendo que sus políticas están consiguiendo el efecto contrario?
No, son los críticos los que son estúpidos, no los líderes occidentales y los inversores que tanto poseen de este mundo y que disfrutan de inmensas riquezas y éxito. Continúan con su ayuda y los programas de préstamos extranjeros porque tales programas funcionan. La pregunta es, ¿para quién funciona? Cui bono? [¿Quién se beneficia?].
El propósito detrás de sus inversiones, préstamos y programas de ayuda no es elevar el bienestar de las masas en otros países. Este no es el negocio que se traen entre manos. El propósito es servir a los intereses de la acumulación de capital mundial, poseer las tierras y las economías locales de la población del Tercer Mundo, monopolizar sus mercados, rebajar sus salarios, encadenar su trabajo con deudas enormes, privatizar su sector público e impedir a estas naciones que se conviertan en competidores comerciales no permitiendo que se desarrollen normalmente.
En lo que a esto se refiere, las inversiones, los préstamos exteriores y los ajustes estructurales funcionan muy bien.
El misterio real es: ¿por qué algunas personas consideran que un análisis como éste es muy improbable, una invención “conspirativa”? ¿Por qué son tan reacias a aceptar que los gobernantes de EEUU ejercen, de manera cómplice y deliberadamente, estas implacables políticas (contención de los salarios, reducción de la protección medioambiental, eliminación del sector público, recorte de los servicios humanitarios) en el Tercer Mundo? ¡Estos gobernantes están perseverando en muchas de estas políticas justamente aquí, en nuestro propio país!
¿No es ya hora de que los críticos liberales dejen de creer que la gente que posee ya una gran parte del mundo, y quiere apoderárselo todo, son “incompetentes” o “insensatos”, o que “yerran en la estimación de las consecuencias no intencionadas de sus políticas”? No se es muy avispado cuando se piensa que los enemigos no son tan inteligentes como uno mismo. Ellos saben donde están sus intereses, y nosotros también deberíamos saberlo.
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Michael Parenti ha impartido clases en numerosas universidades de Estados Unidos. Entre sus libros más recientes están The Assassination of Julius Caesar (New Press), Superpatriotism (City Lights) y The Culture Struggle (Seven Stories Press).


martes, enero 23, 2007

SOCIOLOGIA Y ETIOLOGIA DEL HAMBRE

La miseria en el Tercer Mundo es una cuestión política
Sociología y etiología del hambre

José Martín Brocos Fernández
Revista Pueblos

Analizamos desde un pensamiento crítico las causas reales del hambre en el mundo entrando en el análisis de temas como la globalización, el estado de la inseguridad alimentaria en el mundo, el eufemismo de la "desnutrición", el invierno demográfico y su correlación con la pérdida de riqueza al considerarse la persona como el principal factor productivo en el avance de la Economía, el engaño de la condonación de la deuda a los países empobrecidos, así como una propuesta de lo que entendemos por desarrollo solidario.
El hambre en el tercer mundo es una cuestión política
La existencia de situaciones de hambre constituye un escándalo, una "verdadera deshonra para la humanidad" [ 1].
Las interpretaciones tradicionales del problema del hambre en época presente parecen no responder satisfactoriamente en plenitud al problema planteado. En efecto, ni la sola elucidación del problema del hambre como resultado de movimientos migratorios producidos por cambios climáticos y catástrofes naturales, ni los que arguyen la desidia y corrupción de las autoridades locales que monopolizan el hambre como instrumento para conseguir sus fines, ni las voces que alegan matices maltusianos en la falta de alimentos debido al imparable crecimiento de habitantes en la Tierra que trae como consecuencia un exceso de población mundial y consiguientemente la carencia de alimentos para cubrir las necesidades de todos, parecen quedar avaladas por lo menos por la actual etiología del hambre, ya que la causa principal del hambre que azota al 60% de la humanidad [ 2] -la FAO eufemísticamente califica de tasas de desnutrición, que tienen varios niveles, que van desde una cierta desnutrición que estimula y acentúa la vulnerabilidad a enfermedades infecciosas, ejemplo diarrea, neumonía, paludismo o sarampión, y endémicas, como el raquitismo [ 3], a una desnutrición crónica- es eminentemente política, subyaciendo un desorden moral amparado en una clara estrategia de dominación, de mantenimiento y perpetuación de un establishment fiel servidor de unas Naciones Unidas al servicio de poderosos organismos globalistas deudores del gran capital y que auspician el Nuevo Orden Mundial.
Frente a las proclamas alarmistas maltusianas y sus políticas antinatalistas como método de control de la población, la historia ha demostrado que ante presiones demográficas el ser humano es capaz de superarse y explotar en desarrollo sostenible los recursos existentes para aliviar la penuria de víveres, y en un mismo período llegar a crecer aumentando exponencialmente la producción de productos alimenticios en relación al aumento de población, y considerando en todo momento la persona, el capital humano, como el activo fundamental que favorece el crecimiento económico. Ni en el pasado ni en el presente la alta densidad demográfica explica el hambre; v.gr. Dinamarca o Alemania que superan ampliamente en hab/km2 a Etiopía, Tanzania o Zambia. Más bien la implosión demográfica, el fuerte descenso de la natalidad, al traducirse en menores inversiones en recursos humanos y, por tanto, en formación, pone en circulación medios financieros a corto término percibidos como ventajas, pero de los que las generaciones presentes se benefician en perjuicio del futuro [ 4].
Por tanto, el crecimiento demográfico ensamblado con políticas adecuadas de desarrollo precede al crecimiento económico. En este sentido sí habría una correlación directa entre el capital humano y la educación que es la base de toda economía competitiva por encima incluso de factores estrictamente económicos. Precisamente la educación es uno de los instrumentos más eficaces para reducir el hambre y la pobreza. Y merecidamente. La falta de educación reduce la productividad, las posibilidades de empleo y la capacidad de obtener ingresos, y conduce directamente a la pobreza y al hambre [5].
El problema tampoco es la escasez general de alimentos. La política agraria global monopoliza y penaliza tanto la producción de ciertos alimentos como el acceso a modernas técnicas de producción. Así la propia UE multa la superación de una determinada cuota láctea, el excedente de toneladas recogidas de un tubérculo, o incluso subvenciona por hectárea para que se arranquen viñedos o tierras cultivables pasen a erial. La paradoja está servida: se nos dice desde los mainstream media que faltan alimentos en gran parte de los países pobres y por otro los países desarrollados, inmersos en una crisis de superproducción, tienden a producir menos alimentos. La verdad es que la producción alimentaria mundial excede las necesidades actuales creciendo a un ritmo del 2,5% anual en estos tres últimos decenios, superior al crecimiento demográfico [6].
Pero si una liberalización económica forzada, como las propuestas por los ideólogos del FMI, o la consciente y sistemática privación de alimentos, así como el medido y selectivo reparto de ayuda humanitaria, contribuyen a causar o agravar hambrunas, siendo un arma utilizada para conquerir objetivos económicos, políticos y militares, perpetrando contra la población tomada en su conjunto como rehén "verdaderos crímenes contra la humanidad" [7], como en el reciente embargo de alimentos de la ONU a Irak auspiciado por Estados Unidos, preludio de la injusta invasión y ocupación apoyada en infundios creados ad hoc como la existencia de armas de exterminio masivo.
No están libres de culpa los países empobrecidos. Tras disfrutar en general a finales de los años 60 de una relativa bonanza económica que para nada auguraba el negro futuro de ruina, libremente los nuevos gobiernos transidos por una galopante corrupción, contrataron altos préstamos financieros que gestionaron ineficaz e indebidamente no repercutiendo en el desarrollo de la nación. El incremento de las tasas de interés unido a la crisis del petróleo, en gran medida artificialmente provocada, el general descenso del precio de las materias primas en origen, y la torpeza innata en materia económica de las nuevas clases dirigentes transidas por estructuras nepotísticas contribuyó a llevar a la bancarrota y miseria a las naciones generando la ingente deuda externa, hoy en día impagable e incobrable [ 8].
Las ineficaces recetas económicas draconianas implantadas por los organismos financieros multilaterales encabezados por el Banco Mundial en el tercer Mundo, y especialmente en los llamados países pobres altamente endeudados (PPAE) para la reducción de la pobreza y de deuda externa, acentúan en la práctica real la desvertebración del cuerpo social, la desestructuración industrial, económica y agrícola, y el desguarnecimiento estatal de las naciones a que está dirigida, así como la dominación política, y la dependencia y colonización socio-económica por parte de las naciones ricas [9]. Las recetas liberales del BM y del FMI no han variado desde hace décadas: equilibrio presupuestario, reducción de presupuestos nacionales con especial incidencia en la función pública incluyendo la educativa y asistencial, liberalización económica y financiera unida a la privatización masiva de activos públicos, y apertura total de los mercados sin trabas a la importación de productos, lo que acaba dinamitando la propia economía agraria local.
En la práctica, como ha denunciado Ziegler, en vez de paliar las crisis, los grandes organismos multilaterales con sus consabidas recetas de liberalización extrema, de privatización y de reducción drástica del presupuesto social, las agudizan, caso de la última gran crisis del sureste asiático, por la salida rápida de capitales, que ha afectado a todos los países que se plegaron a las exigencias del FMI, el BM y la OMC, excepto Singapur y China que mantuvieron los controles, y que fueron los mejores parados. Jean Ziegler [10 ] revela que la ONU deviene en instrumento de dominio mundial al servicio de los intereses de las principales sociedades capitalistas transcontinentales con las que se ha rubricado el denominado Global Compact, que supone un retorno al feudalismo. Conforme el mismo Ziegler, organismos como la OMC, o el FMI y el BM teóricamente independientes en su funcionamiento de la ONU, se convierten casi en realidad en sus mercenarios, y por ende de las multinacionales más poderosas y de las grandes potencias, en especial de Estados Unidos, como potencia hegemónica y máximo contribuyente de la ONU.
Prueba de la ineficacia de las medidas propuestas es que entre los años 1975 y 2004 a pesar, o quizás por ello, de la diligente aplicación de los Planes de Ajuste Estructural (PAE) fruto de una estrategia elaborada y aplicada por el FMI y el BM, la renta per capita de los países al sur del Magreb menguó un 2% de promedio cada año, siendo en el mismo periodo anual el crecimiento poblacional cercano al 3%. Las consecuencias de aplicar estas políticas de ajuste económico estructural emanadas de las agencias financieras del Breton-Woods han sido extremadamente negativas: erosión y desnaturalización de la organicidad social, colapso del propio Estado, reducción de la seguridad alimentaria [11] y empobrecimiento de la calidad de los servicios básicos de la salud y la educación [ 12], huída masiva de capitales y de la propia inversión extranjera; en definitiva, extensión y globalización de la miseria.
Atisbo de solución al problema del hambre
Planteamos dos niveles de actuación ahondando en las raíces del problema: por un lado la ejecución de soluciones económicas y técnicas que puedan paliar en parte el problema del hambre en el tercer mundo, como invirtiendo en desarrollo tecnológico a la par que facilitamos los cambios y el universal acceso a esta tecnología, utilizando semillas mejoradas, perfeccionando los medios de cultivo que permita un incremento de cosechas, promoviendo nuevas técnicas de regadío e implementando a nivel global una serie de políticas subsidiarias [ 13] y comerciales más justas; y por otro la exigencia concitativa de un nuevo orden político más justo que implique unas relaciones humanas más solidarias, orden asentado a fortiori en principios de orden ético y moral que armonice el progreso material y económico con el desarrollo integral del ser humano.
En la mencionada línea de implementación de políticas económicas concretas habría que suprimir las tasas y barreras de importación de productos procedentes de países subdesarrollados, teniendo siempre presente que "los beneficios locales de esas operaciones comerciales vayan a los más desfavorecidos" [14] no revertiendo en las oligarquías plutocráticas de la zona, casi siempre las grandes beneficiadas en la misión que ejercen de capataces y controladores de la inmensa población manteniendo un status quo neocolonial cuasi esclavista sin respeto alguno a leyes laborales de estos trabajadores del tercer mundo [ 15], y con la callada y cómplice aquiescencia del empresario y del consumidor del primer mundo que obtiene beneficio de muchos productos a bajo precio.
Otro frente de actuación coordinado iría encaminado a invertir decididamente en desarrollo en los países subdesarrollados partiendo de la consideración de la persona como el principal factor productivo en el avance de la economía [ 16], para lograr en paralelo tanto un aumento de los niveles educativos como un crecimiento económico sostenido, que aumentando la productividad y extendiendo la riqueza, tenga como resultado la reducción de los niveles de pobreza y hambre. En este sentido numerosos estudios y acciones concretas han demostrado el papel fundamental del crecimiento del sector agropecuario teniendo "repercusiones mayores en la reducción del hambre que el crecimiento urbano e industrial" [ 17].
Un tercer campo de batalla plantearía la total redefinición o reemplazo desde postulados menos ideológicos y más solidarios de la ONU [ 18] y del FMI por instituciones multilaterales que relegando las viejas recetas de los economistas neoliberales para acabar con la deuda externa, que esconden graves efectos secundarios, y no transigiendo al chantaje de las "transnacionales que desangran los recursos naturales" [ 19] servidores del capitalismo globalizador, redefinan más justa y humanamente los planes de ajuste estructural como planes de desarrollo, no supeditando la alimentación, la vivienda, la educación, ni los servicios sanitarios a la aplicación de estos planes ni a reformas económicas relacionadas con la deuda externa, pues la persona está por encima de la economía. En este sentido rechazamos el mero objetivo socio-económico que tienen ahora organismos como el BM o el FMI, que en la práctica están para garantizar que se pague la deuda a los países ricos [20], y universalizar las repetidas recetas de reducción drástica de presupuestos sociales con restricciones de gasto en necesidades básicas de la población [21] que se dedican a reembolsar la eterna deuda, privatizaciones masivas y liberalización radical de las economías.
Otra medida iría ordenada a la supresión total, salvo excepcionales situaciones de grave hambruna, de la ayuda humanitaria consistente en alimentos, por constituir un arma de doble filo muchas veces "interesada" por los efectos "indeseados" que tiene esa acción de cargarte a los productores locales y crear malos hábitos de dependencia. La lucha por un orden social más justo exige identificar y denunciar las "estructuras de pecado" [22] materialistas que arraigadas en un capitalismo salvaje cifran la realización y el bienestar humano en la opulencia, el consumismo desaforado, y la búsqueda desenfrenada de poder, placer y gloria, manteniendo otro tipo de pobreza moral y espiritual que priva de libertad: la esclavitud del hombre interior.
No cabe auténtico progreso humano asentada la persona en la resignación pasiva ni en el egoísmo creciente de nuestra sociedad opulenta. Hay responsabilidad de cada persona y de las naciones ricas. Existen recursos suficientes en la tierra para alimentar a toda la población mundial aun en el caso de que se hicieran realidad las previsiones planteadas por agencias de la ONU sobre la población mundial, garantizando su seguridad alimentaria. Se impone la necesidad y urgencia de vertebrar un nuevo modelo global de justicia distributiva en virtud del destino universal de los bienes, superando los intereses del imperialismo transnacional de las multinacionales y la dictadura consumista que es en sí misma consuntiva y aniquiladora.
Son los pobres del tercer mundo los que clavan sus ojos en nuestra conciencia y nos dicen: tengo hambre.
Durante los treinta segundos que un conductor espera a que el semáforo se ponga verde, cinco niños mueren de hambre en el mundo. Y en los tres minutos que tarda en llegar el metro o el autobús, otros 30 han agonizado de inanición. [23]

Este artículo ha sido publicado originalmente por el CADTM (Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo) el pasado 12 de diciembre de 2006.

Notas:

[1] Pontificio Consejo "Cor Unum". El hambre en el mundo. Un reto para todos: el desarrollo solidario. Documento. 4.10.1996, n. 5, 2.
[ 2] Dos mil millones de personas viven con menos de 2 dólares al día y "cada hora que pasa y sin acaparar la atención de los medios, mueren más de 1200 niños". ONU-UNDP. Informe sobre Desarrollo Humano 2005, p. 1. De ellos, 860 millones de niños viven "desnutridos, vendidos, explotados, enfermos". Agencia Fides. Herodes: la matanza de los inocentes continúa. Informe. 28 de diciembre de 2005; y Herodes(2): Los niños: millones de víctimas: números y situaciones. Informe. 5 de enero de 2006. Unos 100 millones de niños son niños de la calle, "malviven de lo que mendigan, roban o encuentran en la basura y esnifan descontroladamente pegamento desde muy pequeños para hacer mitigar la sensación de hambre". Obras Misionales Pontificias. Secretariado de Infancia Misionera. La infancia desfavorecida, p. 43. Informe. Enero 2006.
[3] Según la UNICEF el 27% de los niños menores de 5 años en países en desarrollo, lo que equivale a 146 millones de niños, tienen un peso inferior al normal. Cfr. ONU-UNICEF. Progreso para la infancia. Un balance sobre la nutrición, p. 2-3 [en línea]. Abril 2006. Disponible en pdf [Fecha de consulta: 08.09.2006].
[ 4] Pontificio Consejo para la Familia. Evoluciones demográficas: dimensiones éticas y pastorales. Documento 25.3.1994, n. 11.
[ 5] ONU-FAO. El Estado de la inseguridad alimentaria en el mundo [en línea]. Informe. 2005, p. 16. Informe completo SOFI 2005, disponible en [Fecha de consulta: 17.09.2006].
[6 ] Cfr. Sophie Bessis. El negocio del hambre. Madrid: Voz de los sin Voz, 2000, p. 13, 82.
[ 7] Pontificio Consejo "Cor Unum". El hambre en el mundo. Un reto para todos: el desarrollo solidario. Documento. 4.10.1996, n. 16.
[ 8] Cfr. Atilio A. Boron. "La deuda externa, veinte años después". Encuentro Mundial de Resistencia y Alternativa a la Deuda Externa, Social y Ecológica, La Habana, Cuba, 28-30 de Septiembre, 2005 [en línea]. CADTM. 3 de octubre 2005. Disponible en [Fecha de consulta: 22.09.2006].
[9] "Los países ricos quieren mantener el control sobre las reservas de los recursos naturales sin que los países pobres, dueños natos de estos recursos, tengan acceso al saber y tecnologías para explotarlos en beneficio propio". Michel Schooyans. Entrevistas sobre los riesgos éticos de la globalización. Madrid: Fundación Universitaria San Pablo, 2003, p. 21.
[10] Cfr. Jean Ziegler. El Imperio de la Vergüenza. Madrid: Taurus, 2006, passim.
[ 11] Los ideólogos del FMI obligan a privatizar la agricultura y prescindir de los subsidios, a un tiempo que se oponen a que el Estado sea el avalista para la seguridad alimentaria. En términos humanos "estas políticas de `mercado' dieron por resultado las muertes innecesarias de miles de individuos". Cfr. Yves Engler. "Hambrunas del Mercado" [en línea]. Z Communications. Znet. 03.07.2005. Disponible en [Fecha de consulta: 23.09.2006].
[12] Cfr. ONU-CDH. Effets des politiques d'ajustement structurel et de la dette extérieure sur la jouissance effective de tous les droit humains, en particullier des droits économiques, sociaux et culturels. E.CN 4. 2003.10.
[ 13] V.gr. la tasa Tobin, consistente en un porcentaje sobre el mercado especulativo de divisas aplicable en todos los mercados financieros. Cfr. Raquel Lander. "Alternativas ilusorias al 0,7%". Actualidad Económica 17.02.2005, p. 10-11.
[14 ] Pontificio Consejo "Cor Unum". El hambre en el mundo. Un reto para todos: el desarrollo solidario. Documento. 4.10.1996, n. 41, 2.
[ 15] Cfr. R. Barroso. "Cerca de 1.400 millones de trabajadores ganan menos de dos euros al día. La mitad de la población laboral del mundo no puede salir de la pobreza". ABC 10.12.2005, p. 45. Cfr. etiam OIT. Key Indicators of the Labour Market. Fourth Edition [en línea]. Informe. 2005. Disponible en [Fecha de consulta: 16.09.2006]; Equipo Gandhi de educadores. La guerra del hambre. Madrid: Voz de los sin Voz, 1999, p. 53.
[16] En este sentido y en consonancia con muchos teóricos del capital humano, como Gary Stanley Becker, Premio Nobel de Economía 1992, rechazamos la proposición realizada por el Millenium Project -cfr. documentos: A Practical Plan to Achieve the Millennium Development Goals [en línea]. Disponible en [Fecha de consulta: 14.09.2006]; Opciones públicas, decisiones privadas: Salud sexual y reproductiva y los Objetivos de Desarrollo del Milenio [en línea]. Disponible en [Fecha de consulta: 15.09.2006]- de implementación en los OMD para la erradicación de la pobreza del redivivo credo maltusiano que sostiene que el descenso de las tasas de fecundidad es factor esencial para el desarrollo económico. A este respecto, actualmente el aumento de la población no constituye una amenaza, más bien al descenso de nacimientos va aparejada una serie de problemas económicos y sociales. Cfr. Philip Logman. The Empty Cradle. New York: Basic Books, 2004, passim.
[17] ONU-FAO. El Estado de la inseguridad alimentaria en el mundo [en línea]. Informe. 2005, p. 11. Informe completo SOFI 2005, disponible en [Fecha de consulta: 17.09.2006].
[18 ] Un profundo estudio de los que significa actualmente la ONU y su reforma lo encontramos en Marhyon Escobar. ONU, Reforma y Globalización [en línea]. Disponible en [Fecha de consulta: 02.09.2006].
[ 19] Eduardo Andrade Bone. "El hambre continua azotando a los iberoamericanos" [en línea]. Solidaridad.net. Disponible en [Fecha de consulta: 04.09.2006].
[ 20] Son diversas las motivaciones de los diferentes gobiernos de los países desarrollados y de países emergentes del sur para generar nueva deuda. Tendríamos motivaciones socio-ambientales que bien obedecen a la opinión pública, o bien se originan en razones de tipo geoestratégico, motivaciones geopolíticas para abrir mercados o para obtener prebendas políticas, y motivaciones económicas, internacionalizar la empresa de capital nacional, con dos mecanismos que generan continuamente deuda bilateral: `ODA Credits' y `ECAs'. Cfr. David Llistar. "¿Por qué los países del Norte generan deuda?" [en línea]. CADTM. 30 de agosto 2005. Disponible en [Fecha de consulta: 21.09.2006].
[ 21] "Los ahorros efectuados en el marco del proceso de ajuste [para el saneamiento económico y financiero] no se han limitado a los precios alimentarios. Los presupuestos de sanidad y educación, las inversiones en infraestructuras destinadas a mejorar tanto la higiene como la conducción de agua han sido amputadas en proporciones a veces considerables". Sophie Bessis. El negocio del hambre. Madrid: Voz de los sin Voz, 2000, p. 69.
[22] Pontificio Consejo "Cor Unum". El hambre en el mundo. Un reto para todos: el desarrollo solidario. Documento. 4.10.1996, n. 59, 7.
[ 23] Obras Misionales Pontificias. Secretariado de Infancia Misionera. La infancia desfavorecida, p. 5 [en línea]. Informe. Enero 2006. Disponible en [Fecha de consulta: 14.09.2006].