viernes, mayo 08, 2009

El virus de la influenza se incubó 27 años atrás

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Por el Movimiento Internacional de Juventudes LaRouchistas (LYM)

Para 1982 México contaba con autosuficiencia alimentaria. Un salario mínimo equivalía a: 8.2 kilos de huevo ó 23 litros de leche ó 33 kilos de tortilla ó 364 piezas de bolillo, etc. El 85% de la población tenía acceso a la atención médica que prestaban las instituciones de salud del país. Un 70% de la población gozaba de agua potable. En menos de un sexenio se duplicó la longitud de las líneas del metro, y se reemplazó la totalidad y aumentó en 65% la flota de autobuses del servicio de transporte público. La generación eléctrica sumaba 9 millones 600 mil kilovatios, el doble de la década anterior. La producción petroquímica era de 14 millones de toneladas, producto de la construcción de 23 plantas petroquímicas, 21 unidades de apoyo y 58 plataformas marinas, además del complejo petroquímico La Cangrejera, el más grande del mundo en aquél entonces. El programa de inversiones de PEMEX en petróleo y petroquímica en el período de 1977-1981, de 27 mil millones de dólares, equivalía a casi tres veces el programa de la nave espacial Columbia, que se había desarrollado durante diez años. México pasó así del decimoctavo lugar al cuarto lugar en cuanto a la relación reserva-producción de petróleo. A pesar de la crisis financiera mundial en aquellos años, México estaba en el quinto lugar de crecimiento del PIB a nivel mundial. No estaba resuelto todo, pero México había escogido el camino correcto para volverse un país industrializado.

La receta de los carteles financieros internacionales ante la crisis mundial era: Que México entrara al libre comercio a través del GATT[1] para rescatar a las transnacionales comprándoles sus productos con los excedentes petroleros, cosa que colapsaría la apenas naciente industria nacional. México lo rechazó. La política de México era hacer de un bien transitorio, como lo era el petróleo, una fuente permanente de empleo y producción que industrializara al país, procesando nuestros propios recursos e impulsando tecnologías de punta, como la energía nuclear. Tan avanzada era la concepción del Presidente José López Portillo, que su política energética contemplaba la construcción de 20 nucleoeléctricas.

México rechazó la política del imperio financiero, pero éstos no descansaron. La entrada de Miguel de la Madrid como presidente marcó la entrega del país a los buitres financieros y el virus económico de la influenza se incubó cuando decidiste escupirle al legado de José López Portillo.

El plan globalizador del Imperio británico: Reducir la población a dos mil millones de personas

¿Qué llevaría a la idea de acabar con 2/3 partes de la población mundial? ¿Cómo decidir quién vive y quién no?

¿Por qué el Zeus olímpico torturó eternamente a Prometeo por haberle dado el fuego al hombre? ¿Qué hace que el ser humano sea la única especie capaz de utilizar el fuego?[2]

Tal como Zeus castigó a Prometeo los dioses financieros castigaron a López Portillo y a México.

A partir del 1 de diciembre de 1982 las típicas políticas financieras del Imperio británico tomaron las riendas del país para desandar los logros adquiridos, y poner a México en la órbita del libre comercio. Al poco tiempo se siguieron las recetas del FMI y del Banco Mundial: se firmó el GATT, se privatizó la banca y más de 1000 empresas paraestatales. Finalmente, se firmó el TLC que destruyó nuestra autosuficiencia alimentaria. Esto dejó a México en la categoría de país de mano de obra barata y exportador de meras materias primas. Se rompió con la idea de utilizar el petróleo para industrializar al país, construir nuestra propia maquinaria y transitar a la energía nuclear. En pocas palabras, se nos prohibió el uso del fuego.

Lo que le pasó a México le pasó al mundo entero. Hoy estamos en una crisis de desintegración de la totalidad del sistema financiero internacional, tal y como lo pronóstico de manera única el estadista norteamericano Lyndon LaRoucheel mismo LaRouche que a principios de los 1980s trabajo hombro a hombro con López Portillo para defender a México de la embestida de los depredadores financieros internacionales, y construir un nuevo orden económico internacional, como lo detalla en su obra "Operación Juárez" de 1982.

La ideología del imperio para aceptar esta destrucción se había sembrado ya con la contracultura de los hippies sesentayocheros, quienes a sabiendas o no, diseminaron dicha ideología: el odio a la industrialización, la ciencia, la agricultura, y la energía nuclear. El fascismo venía disfrazado de libertad y de amor a la irracionalidad[3]. Su libertad se reducía a fumar marihuana y tener sexo con su madre naturaleza. En pocas palabras se les infundió odio al progreso y al desarrollo del Estado nacional moderno.

Esta irracionalidad dio como producto híbridos tan nefastos como Al Gore, Mario Molina, Ernesto Zedillo y otros sesentayocheros gatos de George Soros (ver cuadro, página siguiente).

Esta ideología no solamente tenía como objetivo hacer que el individuo rechazara el desarrollo, sino que aceptara, como fin irremediable, las miserables condiciones a las que la globalización lleva y a pensar que la población no es más que una plaga para el mundo a la que se le tiene que podar de vez en cuando.

Esto es el ecologismo, otra creación del Imperio británico, como lo demuestra el Príncipe Felipe consorte de la reina de Inglaterra[4], quien fundó la WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza) y quien en el prólogo a su biografía Si yo fuera un animal, escribió lo siguiente: En el caso de que reencarnara, me gustaría regresar como un virus mortal, para poder contribuir en algo a resolver la sobrepoblación. Y como lo planteó el malvado Premio Nobel de Literatura (y nominado al Premio Nobel de la Paz), Sir Bertrand Russell en su libro El impacto de la ciencia sobre la sociedad: Al presente la población mundial se está incrementando hasta ahora la guerra no ha tenido gran efecto sobre este incremento No digo que el control natal sea la única manera de evitar que la población aumente. Hay otros medios Si una peste negra fuera esparcida a lo largo del todo el mundo una vez cada generación, los sobrevivientes podrían procrear libremente sin sobrepoblar al mundo ésta circunstancia puede ser algo desagradable, pero ¿y qué? La gente muy elevada es indiferente al sufrimiento, especialmente el de los otros.

Pero no te tragues el cuento de la sobrepoblación, ésta es simplemente otra cara de la globalización, la idea de un imperio mundial único, que establezca un tope de dos mil millones de personas brutalmente estupidizadas, que nunca excedan los dos mil millones, incluso que no rebasen la población actual de China de 1.4 mil millones de habitantes al servicio de la oligarquía financiera.

Contra la influenza: el PLHINO[5]

El efecto natural de las condiciones económicas de la globalización, han creado el potencial para una verdadera pandemia global. ¿Acaso la influenza fue un virus sintético creado en un laboratorio o no? No sabemos, pero sí existe la capacidad para hacerlo, así como los británicos crearon el LSD. La intención existe como el propio Príncipe Felipe lo declara en el prólogo a su biografía. Si esto fue explícitamente intencional o no, no sabemos, pero si es el efecto que ellos buscaban con sus políticas[6].

Por tanto debemos de actuar para prevenir una pandemia global. Asumimos lo peor, pero trabajamos para recuperar el bienestar y no sólo esperamos a que llegue. Y esto no sólo implica las medidas de emergencia que ha tomado la nación, sino una política intensiva para reconstruir las capacidades productivas del país.

El Plan Hidráulico del Noroeste representa para México el tipo de proyecto que se necesita para salir de las políticas de atraso de los ecologistas y globalizadores, y el regreso a los mejores tiempos de México, como con José López Portillo. El PLHINO es la mejor aportación de México para un nuevo orden económico internacional. Sus más de 600 km de infraestructura a lo largo de Nayarit, Sinaloa y Sonora son la punta de lanza para la recuperación económica nacional. Esto representa el camino para recuperar la autosuficiencia alimentaria, produciendo alimentos para 10 millones y empleos para más de 7 millones de mexicanos. El PLHINO no sólo significa empleos y comida, sino la base necesaria para la expansión de la civilización, como lo es: la salud pública, la educación, la urbanización, energía eléctrica, agua potable, comunicaciones, transporte, etc. En pocas palabras, condiciones de vida humanas para las actuales y próximas generaciones.

Esto, sin embargo, tiene que hacerse conjunto a la pelea que ha indicado el economista Lyndon LaRouche por un nuevo sistema de crédito productivo de baja tasa de interés para grandes proyectos de infraestructura, tipo la idea original del Bretton Woods de Franklin D. Roosevelt. Porque como cada día queda más claro, el actual sistema es insalvable, y entre más rescates financieros se hagan, más quebrados estamos. Se requiere una alianza inicial entre Rusia, China, India y los Estados Unidospero abierta a todas las naciones del mundo—para consolidar este nuevo sistema económico y poder garantizar un futuro a las generaciones que vienen.

Si quieres evitar que la gente caiga en pánico o en negación, hazles ver que la situación es peor de lo que piensan, no es ni un nuevo cuento de la influenza, ni sólo la influenza, sino el colapso económico de todo el sistema, y ahora los imperialistas británicos y sus empleados como George Soros nos están imponiendo la legalización de la drogas, a sabiendascomo ellos mismos lo admiten que esto aumentará el consumo de los estupefacientes. No hay mejor manera de reducir la resistencia inmunológica del cuerpo a las pandemias, que crear una epidemia paralela de consumo de drogas. Esto es echarle gasolina al incendio. Sólo un imbécil o un cobarde aceptaría la legalización de las drogas ya sea por despenalización o alguna ley de narcomenudeobajo las actuales condiciones de crisis de influenza.

Declaremos el sistema actual de la globalización en bancarrota, e implementemos un nuevo orden económico internacional de cooperación entre Estados nacionales soberanos.

No somos animales para aceptar políticas que nos consideran mero ganado. Los recursos pueden ser finitos, pero nuestro potencial para descubrir nuevos usos del fuego no lo es. Utilicemos la energía nuclear como motor del desarrollo que a la fecha nos han negado, regresemos a la idea prometeica de llevarle el fuego a los hombres.

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